Superresistentes al contagio por SARS-CoV-2

Superresistentes al contagio por SARS-CoV-2

Durante el confinamiento en España, gracias a la colaboración de las personas que acudían a Empireo a testarse para conocer si se habían infectado con el SARS-CoV-2, desarrollamos un trabajo en el que observamos algo muy interesante. La mitad de los que vivían con una persona infectada… no se contagiaban. En su momento, podía ser algo curioso, pero con el paso del tiempo y las investigaciones, empieza a estar claro que este hecho va más allá de la curiosidad. Hay personas que son superresistentes al contagio por SARS-CoV-2.

Superresistentes al contagio por SARS-CoV-2

Superresistentes al contagio por SARS-CoV-2

Mecanismos implicados

¿Qué misterio esconden las personas superresistentes al SARS-CoV-2? Las respuestas que baraja la comunidad científica internacional son múltiples y parecen implicar cómo nuestras defensas actúan en cada individuo. Pero muy especialmente a la genética de cada persona, cuyas peculiaridades actuarían a modo de escudo frente al SARS-CoV-2.

En un trabajo publicado en la prestigiosa revista Nature Immunology, el famoso inmunólogo francés Jean-Laurent Casanova señala que la genética de cada individuo en particular parece jugar un papel fundamental en el tipo de COVID-19 que desarrolla tras la infección con el coronavirus.

 

¿Qué respuestas nos da la ciencia sobre los superresistentes al contagio por SARS-CoV-2?

La ciencia empieza a darnos claves de por qué ocurre esto. Y así ha surgido el Consorcio internacional COVIDHGE (del inglés COVID Human Genetic Effort). Su primer proyecto fue concretar cómo la genética podía ayudar a entender casos extremos de gravedad. Por ejemplo, jóvenes sin comorbilidades que fallecían o que, precisaban asistencia en unidades de cuidados intensivos con ventilación mecánica asistida. De momento, este consorcio está formado por más de 40 centros internacionales. Han reclutado 1.000 voluntarios -en España más de 100- y esperan llegar a más de 5.000. Hombres y mujeres a partir de los 18 años, en los que no existe rastro alguno del SARS-CoV-2 en sus células.

Se trata de personas que han tenido exposición de riesgo con el SARS-CoV-2 en su domicilio con convivientes habituales o en el trabajo, pero en las que no se ha detectado una infección activa en ningún momento de la pandemia. En ellos, se ha descartado la infección por el coronavirus con una PCR negativa, y no han presentado anticuerpos IgM e IgG en las cuatro semanas siguientes a la inclusión en el estudio.

Para obtener los máximos datos genéticos de las personas superresistentes al virus, se está llevando a cabo la secuenciación completa de su genoma y se está observando y analizando qué tiene en común el ADN de estas personas.

 

Una llave para poder infectar

Para explicar por qué algunas personas son resistentes a la infección, podríamos utilizar el ejemplo de la llave y la cerradura. Quieres abrir la cerradura de la puerta de tu vecino con la llave de tu puerta. Lógicamente, no abre. Cada puerta necesita su llave. De este modo, una hipótesis más allá de la resistencia que pueden mostrar estos superresistentes, supondría que la puerta de entrada del virus está bloqueada. Cuando el virus intenta unirse a las células para invadir, tiene que entrar por una puerta y resulta que, en el caso de los resistentes, el cierre de esta puerta está estropeado. Una forma de verlo es que la llave que el virus utiliza para penetrar en la gran mayoría de las personas tiene la cerradura rota en los resistentes. En realidad es un “error” genético, pero en este caso, con consecuencias beneficiosas. Esto nos lleva al receptor ACE2, el más conocido como puerta de entrada del SARS-CoV-2. Pero parece que otras “puertas” podrían estar también implicadas.

Esta es, por tanto, la primera hipótesis del trabajo: los cerrojos de la puerta de entrada están alterados, la puerta está blindada y el virus no puede entrar.

En cualquier caso, esta es una primera hipótesis basada en que el virus no penetra en las células de esas personas resistentes. Pero tampoco se puede descartar que el virus entra y lo que ocurre es que no se multiplica porque algún o algunos mecanismos lo impiden.

 

La otra cara de la moneda 

De igual modo, la otra cara de la moneda es que hay personas que, según los datos estadísticos, es muy improbable que sufran una COVID-19 severa. Sin embargo, esto ocurre. Este es el caso del llamado síndrome inflamatorio multisistémico de la COVID-19 (MIS-C) que afecta gravemente a algunos niños, y que también tiene una explicación genética, según datos a punto de publicarse desde el laboratorio del Dr. Casanova. En este sentido ya existen datos que indican que determinadas mutaciones, es decir, cambios en el material genético de podían estar detrás de estas respuestas “exageradas”.

 

Posibilidad de nuevos tratamientos

Comprender cómo funciona ese cerrojo del que hablábamos o los mecanismos implicados en la superresistencia es esencial porque, a partir de ese entendimiento, se podrán diseñar fármacos que simulen esos mecanismos que impiden que la infección avance. Esto podría darnos nuevos tratamientos frente a la COVID-19. Y en esas estamos.

 

Fuente: Diario Médico, Nature Immunology, Science.

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel