La pandemia de COVID-19 dejó cicatrices profundas, pero también grandes enseñanzas. Entre ellas, quizá la más evidente es el valor incalculable de las vacunas. Aunque no siempre nos guste recibir un pinchazo, ni ver a nuestros hijos recibirlo, la historia demuestra que, cuando una amenaza sanitaria es real, la vacunación se convierte en una herramienta de esperanza. Ocurrió con la polio en los años cincuenta y volvió a suceder con la COVID-19.
COVAX es la iniciativa global creada en 2020 para garantizar que los países de ingresos bajos y medios tuvieran acceso a las vacunas contra la COVID-19. La misión de COVAX parecía casi imposible: conseguir, comprar y distribuir miles de millones de dosis en un momento en el que todos los países competían por conseguir vacunas. La experiencia previa no era alentadora: durante la pandemia de gripe de 2009–2010, las naciones más pobres quedaron “a la cola”, recibiendo dosis demasiado tarde o, en algunos casos, ninguna. Esta vez se intentó evitar esa injusticia.
¿Qué consiguió COVAX?
A pesar de los desafíos, COVAX consiguió grandes logros. Para finales de 2021 ya había distribuido más de mil millones de dosis y, dos años después, superó los dos mil millones. Más de la mitad de la población de los 92 países con menos recursos recibió las primeras dosis de protección, una cifra muy cercana a la media mundial. Se estima que estas vacunas evitaron 2,7 millones de muertes solo en países de bajos ingresos. Voy a ponerlo con todos los números para que quede claro: 2.700.000 muertes. Eso fue COVAX o por qué las vacunas siguen siendo esenciales.

COVAX o por qué las vacunas siguen siendo esenciales
¿Qué dificultades encontró un programa como COVAX?
Sin embargo, el camino estuvo lleno de obstáculos. La necesidad de atraer financiación llevó a incluir a países ricos en el programa, lo que generó controversia. Algunos de estos países, aunque participaban en COVAX, competían por su cuenta por las vacunas, pagando más y recibiendo antes los envíos. Capitalismo, tal cual. En ocasiones, incluso donaban sobrantes a punto de caducar o imponían condiciones sobre a quién debían entregarse estos lotes, más por intereses políticos que por criterios de salud pública.
Además, la idea de “repartir equitativamente” fue difícil de definir. No todos los países tenían la infraestructura necesaria para almacenar o distribuir grandes volúmenes de dosis, y algunos fueron adquiriendo vacunas por su propia cuenta, lo que obligó a replantear prioridades. COVAX optó finalmente por un criterio simple pero polémico: proporcionar inicialmente el 20% de las vacunas necesarias para cada país.
Más allá de la logística, había un problema claro: la desinformación y la desconfianza. La reticencia a las vacunas, alimentada por bulos y por el rechazo visceral a la autoridad en esos países desfavorecidos, se convirtió casi en otro virus que combatir. Y este fenómeno no es nuevo: incluso líderes preparados han rechazado consensos científicos por motivos sociales o históricos. La lección es clara: darle valor a la comunicación científica es tan importante como producir vacunas.
COVAX logró mostrar por qué las vacunas siguen siendo esenciales
COVAX no fue perfecto, pero sí un logro extraordinario que muestra que la cooperación global puede salvar millones de vidas. Aun así, el futuro exige prepararse mejor: invertir en sistemas de vigilancia y alerta, reforzar la vacunación rutinaria, fabricar vacunas en todas las regiones del mundo y asegurar mecanismos de financiación rápida para futuras crisis. También implica combatir activamente la desinformación y reconocer que, aunque las vacunas son una herramienta esencial, deben complementarse con otros tratamientos y medidas de salud pública.
La pandemia nos recordó algo fundamental: vacunarse salva vidas. No solo las nuestras, sino también las de quienes nos rodean. La existencia de iniciativas como COVAX demuestra que la vacunación no es solo un acto individual, sino un compromiso colectivo con la salud global. Prepararnos para las pandemias del futuro pasa, necesariamente, por mantener y reforzar esa cultura de protección compartida.
Fuente: Nature
Autor: CArlos del Fresno, @arlosdel






