Sabíamos que podemos encontrar bacterias en la médula ósea, en tumores y por supuesto, causando infecciones. Pero ahora sabemos que hay bacterias del intestino que afectan a tu corazón. Una nueva investigación publicada en la revista Nature ha descubierto un sorprendente vínculo entre las bacterias que habitan en nuestro intestino y una de las enfermedades cardiovasculares más comunes: la aterosclerosis.
La aterosclerosis ocurre cuando se acumulan placas de grasa, colesterol y células inflamatorias en las paredes de nuestros vasos sanguíneos, lo que puede bloquear el flujo de sangre y provocar infartos o accidentes cerebrovasculares. Pero ahora, científicos liderados por David Sancho en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares han identificado a un nuevo “sospechoso” en esta peligrosa ecuación: una molécula producida por bacterias intestinales llamada imidazol propionato (ImP).

Bacterias del intestino que afectan a tu corazón
Una molécula de origen bacteriano con un gran impacto
El ImP se genera a partir de la histidina, un aminoácido presente en muchos alimentos. Aunque sólo unas pocas bacterias intestinales pueden fabricarlo, sus efectos parecen tener un gran alcance. Ya se sabía que estaba relacionado con enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, problemas renales y presión arterial alta. Ahora, se suma una nueva preocupación: el ImP también podría favorecer la formación de placas en las arterias.
El equipo de investigación encontró niveles elevados de ImP en ratones que desarrollaban aterosclerosis cuando comían una dieta rica en colesterol. Lo más llamativo es que también detectaron altos niveles de ImP en personas que ya mostraban señales tempranas de aterosclerosis, aunque aún no presentaban síntomas clínicos.
¿Una nueva herramienta para detectar enfermedades del corazón?
Uno de los hallazgos más prometedores es que medir el ImP, junto con otros marcadores habituales como el colesterol y la inflamación, permite identificar mejor a quienes están en las primeras etapas de la enfermedad. Esto podría abrir la puerta a estrategias preventivas más eficaces, antes de que nuestros vasos sufran daños permanentes.
Y hay más: en experimentos con ratones, los investigadores demostraron que el ImP empeora la formación de placas incluso sin aumentar el colesterol, lo que sugiere que podría ser un actor independiente en el desarrollo de la enfermedad. Este dato es clave, ya que muchas personas siguen teniendo eventos cardiovasculares graves a pesar de tomar medicamentos para reducir el colesterol, como las estatinas.
Y como siempre, ahora, ¿qué hacemos con esto?
Una posibilidad es intentar bloquear a aparición de esta molécula. Lo que nos lleva a que, en este estudio, las personas que seguían dietas ricas en pescado, vegetales, frutas, frutos secos y té tenían niveles más bajos de esta molécula en sangre. Es decir, nuestra alimentación también podría influir en la cantidad de ImP que producen nuestras bacterias intestinales.
Este trabajo nos aporta un nuevo enfoque para cuidar de nuestro corazón. Este descubrimiento pone el foco en la microbiota intestinal como una nueva clave para entender y prevenir enfermedades cardiovasculares. Modificar lo que comemos, o incluso desarrollar tratamientos que regulen la producción de ImP, podrían convertirse en herramientas poderosas para proteger la salud del corazón.
En resumen, este estudio abre una puerta fascinante: quizás no todo dependa del colesterol… sino también de lo que nuestras bacterias hacen con lo que comemos.
Fuente: Nature
Autor: CArlos del Fresno, @arlosdel






