Author Archives: CArlos del Fresno

Nueva vacuna contra la COVID-19

India ha aprobado una nueva vacuna contra la COVID-19

 

A principios de esta semana nos llegó la noticia de que se ha aprobado una nueva vacuna contra la COVID-19 en India. Esto permite seguir el hilo que iniciamos no hace demasiado, aunque nos parezca que hace mucho, sobre la aparición de vacunas para luchar contra la pandemia causada por la infección con el virus SARS-CoV-2. Por si acaso a alguien le suena extraño, tengo que destacar que la India es un país líder en la producción de vacunas, desde mucho antes de la pandemia. ¿Qué hay de nuevo con esta vacuna?

 

La vacuna ZyCoV-D es una vacuna ADN que no necesita aguja.

 

Esta nueva vacuna introduce dos elementos novedosos con respecto a las que ya están autorizadas.

Por un lado, su componente activo es ADN. Las vacunas fabricadas por Pfizer y Moderna están basadas en ARN, mientras que las de Astrazeneca y Janssen están basadas en virus. Esto, para nosotros como usuarios no es a priori especialmente relevante. Pero se trata de la primera vacuna basada en ADN para uso en humanos, lo cual es un gran logro científico.

El ADN es un material genético al igual que el ARN, pero mucho más estable. Esto otorga una gran ventaja a esta vacuna, y es que su transporte, distribución y manejo en general es mucho más sencillo y por ello barato. Bien.

Otra particularidad de esta vacuna es que no se administra mediante una inyección. En cambio, se utiliza un dispositivo sin aguja, que se aprieta contra la piel, generando una presión que la perfora de manera microscópica, siendo mucho menos doloroso que una inyección. Si bien, los datos iniciales indican que serán necesarias un mínimo de tres dosis.

Nueva vacuna contra la COVID-19

Nueva vacuna contra la COVID-19

La vacuna ZyCoV-D es eficaz.

Los resultados del ensayo clínico realizado para testar la eficacia de esta vacuna indican que confiere un 67% de protección contra el desarrollo de la COVID-19 sintomática en ensayos clínicos, y probablemente comenzará a administrarse en India este mes. Aunque la eficacia no es particularmente alta en comparación con la de las otras vacunas COVID-19, hay que destacar que este 67% se ha obtenido en India mientras que la variante Delta de SARS-CoV-2 era la variante dominante en circulación. Sin embargo, los primeros ensayos de vacunas de ARN se realizaron cuando circulaban variantes menos transmisibles. De modo que cabría esperar, aunque no está aún demostrado, que la vacuna ZyCoV-D genere una protección mayor frente a la COVID-19 causada por variantes anteriores.

De modo que parece que tenemos un nuevo soldado en esta guerra contra el coronavirus SARS-CoV-2. Desde mi punto de vista, y siguiendo el razonamiento de mi anterior post, es crítico que el planeta se vacune a nivel global para minimizar la posibilidad de que aparezcan nuevas variantes. Que un territorio tan poblado como India empiece a utilizar esta vacuna, con las facilidades que supone su composición basada en ADN, es sin duda una gran noticia para todos.

 

Fuente: Nature

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

 

 

Tercera dosis de la vacuna COVID-19, ¿qué opinamos?

¿Nos ponemos una tercera dosis de la vacuna COVID-19?

El ritmo de vacunación en los países occidentales está haciendo que el porcentaje de población vacunada se acerque o supere en algunos casos el 70%. Hablamos de esta cifra porque en algún momento se fijó como la que podría darnos la “inmunidad de rebaño”, que sería el último empujón necesario para vencer al coronavirus SARS-CoV-2. Si bien, aún no sabemos si esto será así. Ante esta situación, estamos empezando a oír hablar acerca de la posibilidad de administrarnos una tercera dosis de la vacuna COVID-19 (esto aplicaría a todas las vacunas aprobadas hasta ahora, excepto la de Janssen, que sólo requiere una dosis). ¿Qué datos científicos avalan (o no) la necesidad de esta tercera dosis? Empecemos por el principio.

Tercera dosis de la vacuna COVID-19

Tercera dosis de la vacuna COVID-19

 

¿Para qué se diseñaron las vacunas contra la COVID-19?

Si nos fijamos en los resultados de los ensayos clínicos que dieron lugar a la aprobación de cualquiera de las vacunas, se basaban en la protección que generaban frente a la COVID-19. Recordemos que la COVID es la enfermedad que genera la infección por el coronavirus SARS-CoV-2, pero no es la infección en sí misma. ¿Cómo se explica esto? Porque como sabemos, hay mucha gente que se infecta por el coronavirus, pero no tiene síntomas. De modo que esta gente no desarrolla la COVID.

Entonces, el éxito que estamos viendo de las vacunas se basa en que los vacunados no desarrollan COVID-19 (síntomas) o los síntomas son más leves. El efecto más claro es que la mortalidad es muchísimo más baja en población vacunada que en no vacunada. Sin embargo, personas vacunadas se siguen infectando por SARS-CoV-2. Pero insisto, esto no significa que las vacunas no funcionen. Sí funcionan porque mucha menos gente fallece por COVID-19 y los síntomas que generan son más leves. Las vacunas, por tanto, son eficaces contra la COVID-19.

 

Si son eficaces, ¿por qué necesitamos una nueva dosis?

A aquellos que seguís mis publicaciones, sabéis que intento ceñirme a los datos científicos, intentar exponerlos y que cada cual saque sus conclusiones. En este caso, voy a dar mi opinión. Si la vacuna es eficaz, no necesitamos una tercera dosis. De hecho, no hay evidencias científicas que avalen el que una tercera dosis genera una protección mayor. Además, aún no sabemos cuánto dura la protección que generan las vacunas.

Con todo esto, si las vacunas están siendo eficaces contra la COVID-19, tal cual se diseñaron, y si no sabemos hasta cuándo estaremos protegidos con las dos dosis actuales, en mi opinión, no existen razones objetivas para esa tercera dosis.

 

¿Y por las variantes del coronavirus?

Esta es una gran cuestión. Los primeros datos que tenemos indican que, aunque la protección baja un poco, las vacunas actuales nos siguen protegiendo contra las variantes del coronavirus SARS-CoV-2. De modo que tampoco esto justifica una tercera dosis de la vacuna COVID-19.

Pero hay además un factor, a mi juicio, determinante. Hemos empezado diciendo que, en los países occidentales, la tasa de vacunación está en torno al 70%. Sin embargo, en zona menos desarrollados (África, regiones de Sudamérica o India), el porcentaje de personas vacunadas apenas llega al 10%. Este hecho favorece enormemente el que surjan nuevas variantes.

Pensemos que mientras que el virus está transmitiéndose, sigue mutando y generando por tanto nuevas variantes. Esto hace que, en un mundo global, donde hoy estás en España y mañana en Mozambique, mientras que todo el planeta no esté vacunado, seguirán surgiendo nuevas variantes. Egoístamente, no se trata de vacunar a alguien que está lejos y que puede no te importe si desarrolla COVID-19 o no. Se trata de que mientras que esa persona no se vacune, aumenta la probabilidad de que surjan nuevas variantes. Y esas nuevas variantes, aunque de momento no ha pasado, podría ocurrir que tiraran al traste con todo el esfuerzo que ha supuesto conseguir vacunarnos.

Vuelvo a dar mi opinión. Concienciémonos en que necesitamos vacunar a la población mundial, no vale mi ciudad, mi provincia o mi país. Necesitamos vacunar al mundo si queremos acabar con la pandemia.

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

Tasa de letalidad de la COVID-19

¿Con qué probabilidad morimos de COVID-19?

Cuando hablamos del número de muertes causada por la COVID-19, solemos referirnos a la tasa de letalidad, es decir, la probabilidad que tenemos de morir una vez que te contagias. Pues bien, los datos oficiales entre países son tremendamente diferentes. Tenemos 0,1% en Singapur, 9,3% en Perú, 8,9% en México, 1,8% en Estados Unidos, 3% en Italia, 2,8% en Brasil, 4,7% en China o 1,9% en España.

El problema de estas cifras es que es difícil ajustarlas a la realidad. Para llegar a estas cifras, se divide el número muertes entre el número de casos confirmados mediante test. Y aquí llega el primer problema. Sabemos que muchas personas se infectan, pero no reciben un test (los asintomáticos o en cuarentena), de modo que no sabemos el número real de casos. No sabemos cuánta gente se ha infectado de SARS-CoV-2, pero parece claro que mucha más que el número de diagnósticos positivos. Si se hiciera un rastreo generalizado, la tasa de letalidad bajaría a medida que se realicen pruebas a personas asintomáticas o con infección leve, algo que no ocurría en los primeros meses de la pandemia, cuando no se disponía de muchas pruebas. Ahora se hacen más, pero seguramente muchos asintomáticos o leves siguen quedando sin detectar.

El otro problema es qué consideremos “muerte por COVID-19”. Podría parecer sencillo, pero la realidad es que para generar datos oficiales no lo es. ¿Por qué? Porque una muerte oficial por COVID-19 requiere que esa muerte venga acompañada de una prueba positiva de detección del virus. Y esto marca la definición de muerte por COVID-19. Es como responder a cuándo vas demasiado rápido por una autovía. Por encima de 120 km/h. 121 es exceso de velocidad, 119 no lo es. Entonces, oficialmente, muerte por COVID-19 presenta una prueba positiva. Lamentablemente, creo poder afirmar que todos aceptamos que ha habido muertes por COVID-19 sin diagnóstico positivo.

Entonces, ¿hay alguna forma de acercarse a una cifra más o menos real?

John Ioannidis es un renombrado bioestadístico que dirige el Centro de Investigación en Prevención de la Universidad de Stanford en California. Viendo los diferentes resultados de las estadísticas publicadas durante la pandemia, decidió calcular la tasa de letalidad de la COVID-19.

En el boletín de la Organización Mundial de la Salud de enero de este año, Ioannidis publicó su estimación de la tasa de mortalidad de la COVID-19 a partir de los datos de seroprevalencia de estudios que incluyeran más de 500 personas, efectuados hasta el 9 de septiembre de 2020. Incluyó 61 estudios y ocho estimaciones nacionales preliminares. Las estimaciones de seroprevalencia entre los distintos estudios, es decir, el cálculo de la proporción de gente infectada entre el total, oscilaron ni más ni menos que entre el 0,02% y el 53,40%. Y las tasas de letalidad por infección variaron de 0,00% a 1,54%. Con estos datos llegó a una mediana de tasa de letalidad del 0,23%. Esto significa que había un 50% de estudios por debajo de 0,23 % y un 50% de estudios por encima de esa cifra.

En otro análisis que publican Ioannidis y Cathrine Axfors revisaron 23 encuestas de seroprevalencia de 14 países. La mediana de las tasas de letalidad en ancianos que viven en sus casas fue del 2,4% (rango 0,3%-7,2%). Y en ancianos en general, incluidos los de las residencias, del 5,5% (rango 0,3%-12,1%).

Tasa de letalidad de la COVID-19

Tasa de letalidad de la COVID-19

¿Nos creemos estos datos?

Pues, depende. En declaraciones a Diario Médico, Marina Pollán, directora del Centro Nacional de Epidemiología (CNE), del Instituto de Salud Carlos III, de Madrid, dice que Ioannidis mezcla en sus análisis estudios que no pueden compararse. Por ejemplo, al comparar estudios hay que tener en cuenta la fiabilidad de las pruebas, la proporcionalidad de la población y otros factores estadísticos.

Teniendo en cuenta esto, fijémonos entonces en nuestros datos nacionales. El Instituto de Salud Carlos III lleva realizando un estudio desde el inicio de la pandemia, y actualmente incluye 60.000 participantes. Se trata del estudio ENE-Covid. Este estudio indica una prevalencia nacional del 9,9%. Es decir, en España nos habríamos infectado casi 10 personas de cada 100. Esa prevalencia se combina con las cifras de fallecidos obtenidas de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Renave) y se corrige con el exceso de muertes estimado por el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo). Con esto, según se publicó en la revista British Medical Journal, suponía a finales del año pasado una tasa de mortalidad general no institucionalizada de entre un 0,8 y un 1,1%.

Para personas de más de 80 años la letalidad se sitúa entre el 11,6 y el 16,4% en hombres, y entre el 4,6 y el 6,5% en mujeres, con una media de 9,77%. En personas jóvenes las cifras son mucho más bajas. En menores de 50 años solo se produce un fallecimiento por cada mil personas, y en menores de 30, una muerte por cada 10.000 contagiados. Esta estimación La estimación coincide con la de otro análisis del Imperial College de la Universidad de Oxford, en Londres. Otro estudio publicado por Gideon Meyerowitz-Katz, de la Universidad australiana de Wollongong mostró una estimación de la tasa de letalidad del 0,68% (0,53%-0,82%).

¿Entonces, cuál es la tasa de letalidad del coronavirus SARS-CoV-2?

Aquí tenemos otro ejemplo de lo complicado de la comunicación en ciencia. Todos son datos científicos, pero dependiendo de la fuente de la que partas, puedes llegar a resultados diferentes.

En los ejemplos que os he expuesto tenemos un rango de tasa de letalidad entre 0,23% y 1,1% en población general. Mientras en población anciana (más de 80 años) estaríamos entre 5,5% y 9,77%.

Puede que estos datos sean suficientes… o no.

 

Fuente: Diario Médico; medRxiv; ENE-Covid; British Medical Journal; Imperial College Oxford; International Journal of Infectious Diseases.

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

Origen del coronavirus

 

¿Cómo se expresa la ciencia en relación al origen del coronavirus?

 

En muchas ocasiones, cuando un científico habla, suele generar una sensación de frialdad. Cuando respondemos una pregunta, puede surgir la pregunta, ¿está de acuerdo? ¿Está en contra? Y es que el científico se basa en datos y esto hace que la forma de expresarnos sea neutra, y a veces, puede dar lugar a equívocos. Me gustaría hablar sobre esto en el contexto de la discusión que lleva ya un tiempo sobre la mesa: el origen del coronavirus. ¿Qué dice la ciencia al respecto? ¿Se creó en Wuhan, China? ¿Salió de un laboratorio? ¿Surgió de forma natural? Veamos.

 

Formas objetivas de describir un hecho

 

La presencia de evidencias, de pruebas, nos lleva a decir que algo ocurre. Por ejemplo, la COVID-19 es debida a la infección por coronavirus SARS-CoV-2. Esta es una afirmación basada en la evidencia, ya que podemos detectar la presencia del virus en personas que desarrollan COVID. Otro ejemplo: la pandemia se originó en Wuhan, una ciudad de China. Se trata de otra afirmación basada en la evidencia. Los primeros casos se reportaron en esta ciudad, y por ello fue donde primero se confinaron territorios.

Veamos el caso en negativo. Por ejemplo, la tierra no es plana. Se trata de una negación basada en la evidencia, avalada por la visualización de nuestro planeta desde el espacio. Otro ejemplo: la hidroxicloroquina no protege de la COVID-19. Este ya es un caso más interesante, porque al principio de la pandemia se pensó que sí, pero los datos obtenidos en diversos estudios científicos han demostrado que esta droga no protege contra la COVID-19.

Hasta aquí, todo suena sencillo.

 

Cuando no hay evidencias, ¿cómo se expresa la ciencia?

 

En la sección anterior nos apoyábamos en la existencia de evidencias para justificar que un hecho fuese cierto o no. Sin embargo, cuando la ciencia carece de esas evidencias, no puede manifestarse en términos como “es debida”, “se originó”, “no es” o “no protege”, que son las expresiones que hemos utilizado en las frases anteriores. En estos casos, el científico indicará que no hay evidencias que apoyen esa afirmación… pero tampoco la contraria. Y es aquí donde a veces, surgen confusiones dependiendo de lo que “quiera” entender el oyente o “quiera” transmitir el emisor de la información. Veamos un ejemplo especialmente peliagudo.

 

Origen del coronavirus

Origen del coronavirus

Responder científicamente sin evidencias: ¿cuál es el origen del coronavirus?

No hace demasiado, un grupo de científicos fueron enviados a Wuhan, China, a intentar esclarecer el origen del coronavirus SARS-CoV-2. En esa ciudad hay un instituto de investigación especializado en este tipo de virus, y existe la sospecha de que la pandemia surgiera de estos laboratorios. Tras sus investigaciones, el grupo de trabajo emitió sus conclusiones: “no hay evidencias que apoyen que el coronavirus SARS-CoV-2 surgiera del laboratorio”. Y… ¿eso que significa? Pues significa exactamente eso, que no hay evidencias para decir que si, pero tampoco para decir que no. Y esto es importante entenderlo. El no decir no, en este contexto, no significa decir sí. Y a la vez, el no decir si, no significa decir no. El informe concluye que no hay evidencias suficientes para afirmarlo, pero tampoco para rechazarlo.

El ser humano, en general, funciona mejor con certezas que con incertidumbres y en ciencia, en muchas ocasiones, las conclusiones son incertidumbres. Y esto es algo a lo que la población en general y los medios de comunicación en particular no estamos acostumbrados. Es muy difícil encontrar un titular que diga “no está claro quién robó la corona”. Normalmente veremos “la policía está investigando” o “la investigación sigue abierta”, pero raramente veremos “no hay evidencias de que Manolo robara la corona”. Esto suena frío, y esto es lo que, como comentaba antes, pasa a menudo en ciencia.

Volviendo al origen del coronavirus, podríamos decir: ¿es una evidencia que haya un instituto de investigación de coronavirus en Wuhan, justo donde surgió la pandemia? No. Es muy frecuente que haya centros de investigación especializados en ciertas infecciones en zonas en las que suelen darse. Pasa con el coronavirus en China, como con centros especializados en enfermedades tropicales en Brasil ¿Salió el coronavirus de ese laboratorio? No hay evidencias que lo demuestren, de manera que no podemos concluirlo. Pensemos, además, que de un laboratorio se podrían sacar patógenos adrede, podrían escaparse accidentalmente, por ejemplo, por la ventilación, o podrían salir tras haber infectado a un trabajador. Pero de nada de esto tenemos pruebas ni datos científicos, con lo que la conclusión es… no tenemos evidencias.

 

Fuente: Nature

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

¿Cuánto dura la protección de la vacuna?

¿Hasta cuándo estoy protegido tras vacunarme?

 

Ya tenemos aquí no sólo la vacuna para frenar la COVID-19, sino “las” vacunas. Varios tipos, de distintos orígenes, distintas fórmulas e incluso con su correspondiente dosis de polémica. Y han llegado para quedarse. Era la noticia que llevábamos tiempo esperando y que sin duda, nos hará salir de esta crisis causada por el coronavirus SARS-CoV-2. Si bien, empieza a surgir una nueva pregunta: ¿hasta cuándo nos protegerán las vacunas? Es decir, ¿cuánto dura la protección de la vacuna?

 

Esta pregunta es relevante porque de esto dependerá, por ejemplo, saber si necesitaremos volver a vacunarnos. Pero tengamos en cuenta que con lo rápido que se han logrado las vacunas contra la COVID-19, la ciencia aún no ha tenido tiempo para responder a esta pregunta. De hecho, ni siquiera sabemos con certeza cómo “medir” si la vacuna que nos hemos puesto es aún efectiva. Veamos qué opciones tenemos.

 

Búsqueda de anticuerpos bloqueantes

 

Ahora puede que casi ni nos acordemos, pero al principio de la pandemia, los test de anticuerpos fueron la mejor herramienta disponible para detectar la infección. Esos test detectan una de las reacciones que tiene nuestro cuerpo contra la infección, pero también en respuesta a la vacunación. De hecho, entre los anticuerpos que produce nuestro cuerpo, los realmente efectivos son los anticuerpos bloqueantes. Como su propio nombre indica, estos agentes “bloquean” al coronavirus SARS-CoV-2, impidiendo que pueda infectar.

 

Pues bien, un reciente estudio publicado en la revista Nature Medicine indica que la presencia de estos anticuerpos bloqueantes es un fuerte indicador de la protección generada por la vacuna. La investigación mostró que la presencia de incluso pequeñas cantidades de estos potentes anticuerpos neutralizantes, indica que una vacuna es eficaz para proteger contra COVID-19. De modo que una forma de saber hasta cuándo será efectiva la vacunación, será medir la presencia de estos anticuerpos en la sangre de personas vacunadas.

 

¿Cuánto dura la protección de la vacuna?

¿Cuánto dura la protección de la vacuna?

Identificar células T de memoria

 

Los anticuerpos de los que hablábamos antes son producidos por un tipo de células llamadas linfocitos B. Pero entre el arsenal de células protectoras que tenemos en nuestro sistema inmunológico, se encuentran otros “soldados”, los linfocitos T. Estas células son capaces de unirse a otras que están infectadas y destruirlas. De esta forma evitan que los virus que están dentro de las células infectadas logren expandirse e infectar a sus vecinas.

 

Para que un linfocito T reconozca a una célula infectada, necesita identificarla como tal y para eso los linfocitos T expresan unas moléculas (se llaman TCRs) en respuesta a la vacuna contra la COVID-19. Aún no sabemos hasta qué punto este tipo de mecanismo de defensa es importante tras la vacunación, pero sí sabemos que las vacunas hacen que aparezcan linfocitos T con TCRs específicos contra el coronavirus.

 

Esta es la base para un nuevo test desarrollado por el Instituto Nacional de Alergia y enfermedades infecciosas de Estados Unidos. Esta prueba identifica el TCR de linfocitos T llamados de “memoria”, porque presentan el TCR específico contra el coronavirus tras la vacunación. Mientras existan en sangre linfocitos T que expresen esta molécula, se supone que la vacuna sigue siendo efectiva.

 

De modo que tenemos al menos dos herramientas para responder a la pregunta ¿cuánto dura la protección de la vacuna? y saber así hasta cuándo estaremos protegidos por la vacuna contra la COVID-19. Deberíamos recordar que, no hace mucho, nos estábamos preguntando cuándo llegarían las vacunas. En un tiempo récord, la pregunta es hasta cuándo durará su protección. Pero ya tenemos la vacuna.

 

 

Fuente: Nature Medicine https://www.nature.com/articles/s41591-021-01377-8

Open forum Infectious Diseases: https://academic.oup.com/ofid/advance-article/doi/10.1093/ofid/ofab143/6189113

 

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez;

 

 

 

Vacunas y patentes

Vacunas y patentes, dos lados de una misma moneda.

 

Todos somos conscientes de que en la fabricación de vacunas, hay detrás grandes empresas farmacéuticas. Y que las vacunas están protegidas por patentes. Con la llegada de las vacunas contra la COVID-19, nos hemos acostumbrado a escuchar “Pfizer”, “Moderna” o “Astrazeneca”. Estas empresas poseen unas infraestructuras enormes para poder fabricar estas vacunas, lo que supone grandes inversiones económicas. Además, en el desarrollo de las vacunas, intervienen científicos tanto de instituciones públicas, por ejemplo la universidad de Oxford en el caso de Astrazeneca, como contratados directamente por estas compañías. Para intentar llegar a entender de lo que vamos a hablar aquí, hay que tener en cuenta además, que muchas de estas grandes empresas tienen apoyos económicos gubernamentales. Pero esto también pasa con otras grandes compañías, por ejemplo, fabricantes de coches o empresas productoras de energía.

 

Entonces, con todo esto en mente, llegamos a la discusión de si las empresas productoras de vacunas contra la COVID-19 deberían liberar sus patentes. Tema caliente y muy interesante.

 

Primer movimiento gubernamental

 

El gobierno de los Estados Unidos ha anunciado que apoya la liberación de patentes para las vacunas COVID-19, una medida pensada para aumentar los suministros para que las personas de todo el mundo puedan recibir las vacunas. Y es que las circunstancias extraordinarias de la pandemia causada por la COVID-19, exigen medidas extraordinarias. Hay que tener en cuenta que hasta ahora, los Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido y Japón han bloqueado las propuestas de India y Sudáfrica para legalizar la fabricación de versiones genéricas de las vacunas COVID-19.

 

Tengamos en cuenta que estamos hablando de derechos de propiedad intelectual, con lo que la liberación de las patentes supondría una revolución a favor de la salud pública. Y también deberíamos ser conscientes de que esta discusión surge, sobre todo, al ver cuán diferente es el ritmo de vacunación en países desarrollados frente a aquellos que demandan esta liberación. Pensemos que menos del 1% de las personas en países de bajos ingresos han recibido vacunas COVID-19. Sin embargo, una exención de patentes no solventaría el problema, sino que sería solo el primer paso.

 

Primer paso de tres

 

En el caso de liberar las patentes, este sería el paso más “fácil”, ya que en esencia, es un aspecto legal. Después habría que transferir el conocimiento sobre cómo hacer las vacunas, y el tercer paso sería una inversión económica masiva en factorías con la capacidad de producir estas vacunas.

 

Por el momento, el primer paso está lejos de completarse. Los fabricantes de medicamentos y otros que se oponen a la medida dicen que liberar las patentes supone cambiar las reglas del juego. Supondría ir contra las enormes inversiones de las empresas en el desarrollo de medicamentos y vacunas, que se ven compensadas por su capacidad para fijar el precio de los productos de su propiedad. Normalmente, las patentes recompensan a las empresas farmacéuticas protegiendo sus invenciones de la competencia de los genéricos durante un tiempo limitado. En general, las patentes sobre medicamentos suelen durar 20 años.

 

En este sentido, con zonas del planeta con una vacunación mínima, donde van surgiendo nuevas variantes, estos plazos son inabordables. Una alternativa a la liberación de las patentes sería entender que la COVID-19 no es un problema de Estados Unidos, Europa o China, sino una pandemia mundial. Y que cuanto antes estemos vacunados la mayor parte del planeta, mejor será para todos. Pero, ¿quién quiere asumir esto y pagar las vacunas, para, por ejemplo, Sudáfrica?

 

Vacunas y patentes

Vacunas y patentes

Dos posturas sobre las que reflexionar.

 

Las compañías farmacéuticas no son las únicas que se oponen a la medida. El mismísimo cofundador de Microsoft, Bill Gates, se manifestó en contra de la liberación de las patentes, diciendo que los fabricantes de genéricos no podrían aumentar la producción rápidamente y que la calidad de la vacuna podría verse comprometida. Además, en estas decisiones, deberíamos también pensar en el futuro. Si por la crisis del COVID-19, se eliminan las patentes, en el caso de que sufrir una nueva pandemia, ¿qué harían las empresas farmacéuticas? ¿Producirían vacunas sabiendo que perderían sus patentes?

 

Los defensores de la liberación no están de acuerdo y señalan que los fabricantes de genéricos han estado suministrando al mundo vacunas y medicamentos de alta calidad durante años. Señalan que los contribuyentes ayudaron a pagar la factura del desarrollo de varias vacunas COVID-19 y dicen que la afirmación de que las empresas farmacéuticas deben recuperar todos los costos es, por lo tanto, injusta, especialmente durante una crisis. Sin embargo, se deben abordar varios otros obstáculos, como asegurarse de que la distribución sea equitativa.

 

He intentado plasmar los dos lados de la discusión para que tengamos elementos en los que basar nuestras discusiones. Especialmente ahora que las restricciones van a relajarse. Discutamos, pero no olvidemos las medidas de protección en esta nueva etapa que se nos abre.

 

 

Fuente: Nature

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

 

Queso suizo y coronavirus

¿Qué tiene que ver el queso suizo y el coronavirus?

 

Pensemos en el queso suizo. Nos viene a la mente un gran queso, generalmente no muy curado y… con grandes agujeros. Pues bien, el virólogo australiano Ian Mackay, ha aplicado el modelo de queso suizo en relación con la pandemia. Veamos qué significa.

 

Modelo de queso suizo.

 

Muchos de nosotros esperamos que las vacunas contra el coronavirus SARS-CoV-2 sean el camino para dejar atrás la COVID-19, lo que nos permitirá recuperar nuestras antiguas vidas. Pero deberíamos tener en cuenta que las campañas de vacunación por sí solas puede que no sean suficientes y que se necesiten otras medidas. Tengamos en cuenta que en anteriores noticias hemos repasado la eficacia de las vacunas, y en ningún caso hemos hablado de eficacias del 100%.

 

De este modo, el modelo del queso suizo representa lonchas del queso como medidas que podemos tomar frente a la infección por el coronavirus. El problema es que ninguna medida por sí sola es 100% efectiva para prevenir la propagación del coronavirus, y eso incluye las vacunas tal y como hemos comentado.

 

Visualicemos el modelo del queso suizo, con sus característicos agujeros, cortado en varias lonchas (lo tenemos en la figura adjunta). Cada loncha representa una de nuestras defensas contra el virus y ninguna de ellas es perfecta. Cada una de ellas tiene agujeros, que representan los defectos de cada medida, que permiten que el virus encuentre una vía de escape. Sin embargo, si hay varias capas, aumenta la probabilidad de que una de ellas detenga el virus. Veamos qué nos aporta cada loncha de queso.

 

Queso suizo y coronavirus

Queso suizo y coronavirus

Medidas (lonchas de queso) a tener en cuenta frente al coronavirus.

 

Las vacunas son el arma más poderosa en nuestro arsenal contra la COVID-19. Algunas tienen una eficacia superior al 90% y evitan que las personas se enfermen y mueran a causa de la enfermedad. Pero ninguna vacuna alcanza el 100% y existe la posibilidad de que contraigamos el virus o lo transmitamos incluso después de la inyección.

 

Las pruebas generalizadas pueden encontrar personas portadoras del virus que no saben que lo tienen. Pero las pruebas rápidas son imperfectas y pueden pasar por alto algunos casos.

 

Los sistemas de rastreo implantados por las autoridades rastrean a las personas que han estado en estrecho contacto con un caso positivo, para aconsejarles que se aíslen. Pero estos sistemas deben ser rápidos y alcanzar entre el 80% y el 100% de los contactos para que funcionen de manera eficaz.

 

La mayoría de los países aconsejan a las personas que sospechan o saben que tienen COVID-19 que se queden en casa y eviten a los demás. Algunos también requieren que los viajeros se pongan en cuarentena. Pero algunas personas no siguen este consejo o no pueden hacerlo.

 

Las mascarillas y las cubiertas faciales pueden bloquear las gotitas de virus al toser, estornudar y hablar. Pero incluso las mascarillas de la más alta calidad pueden dejar pasar algunos virus, sobre todo si no se usan correctamente. Además, las mascarillas deben ser utilizadas correctamente por una mayoría de la población para que sean realmente efectivas.

 

Mantener la distancia social (entre 1,5 y 2 metros) reduce la posibilidad de que el virus se transmita. Pero aún podemos atraparlo incluso desde más lejos debido a los aerosoles.

 

El aire fresco y la ventilación reduce el riesgo de infección y la radiación ultravioleta de la luz solar puede destruir los virus que quedan en las superficies. Pero el riesgo en el exterior no se reduce a cero. Por el contrario, la posibilidad de contraer el virus aumenta en áreas que están mal ventiladas. Cuanto mayor sea el flujo de aire, menor será el riesgo, pero el peligro sigue ahí.

 

Una buena higiene puede ayudar a detener la propagación del virus, pero el riesgo de partículas en el aire permanece.

 

De modo que como podemos ver, ninguna loncha de nuestro queso suizo garantiza una protección del 100%. Solo mediante el uso de una serie de porciones, o medidas, creamos las mejores condiciones para protegernos a nosotros mismos y a nuestros amigos y familiares.

 

Debemos seguir usando múltiples medidas para evitar que los agujeros del queso suizo se alineen y permitan que el virus pase.

 

 

Fuente: Nature y BBC news.

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

 

¿Qué hay de verdad sobre al vacuna de Oxford-AstraZeneca?

Trayectoria de la vacuna de AstraZeneca

 

Desde que las primeras vacunas contra la COVID-19 vieron la luz, he intentado desde aquí aclarar los datos científicos de los que disponíamos de cada una de ellas. También fue así con la vacuna diseñada por la Universidad de Oxford y producida por la farmacéutica AstraZeneca. Sin embargo, esta vacuna parece ser “el patito feo”. Pero, ¿qué hay de verdad sobre la vacuna de Oxford-AstraZeneca? Veamos qué sabemos y qué nos falta por saber a día de hoy sobre esta vacuna. Con datos.

 

Vacuna con un camino tortuoso

El camino se vuelve cada vez más accidentado para la vacuna de AstraZeneca que, según la mayoría de los investigadores, es segura y eficaz. Además, tiene un enorme potencial para proteger a grandes franjas de la población mundial. Sin embargo, desde la agencia del medicamento de Estados Unidos (EE.UU), la FDA (the Food and Drug Administration), se cuestionaron las afirmaciones sobre la eficacia de la vacuna. Pudiera parecer que todo se debía a cuestiones relacionadas con la forma en que se comunicaron los datos del ensayo clínico, a través de comunicados de prensa.

A este hecho le siguió que varios países de Europa detuvieran temporalmente la vacunación para revisar informes de condiciones raras de coagulación de la sangre en un puñado de personas vacunadas. Desde entonces, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) ha considerado segura la vacuna y la Organización Mundial de la Salud (OMS) la sigue recomendando.

 

¿Cuál es el papel de la vacuna de AstraZeneca en la pandemia?

 

Otras vacunas contra la COVID-19 son caras y deben almacenarse a temperaturas muy bajas. Sin embargo, la vacuna Oxford-AstraZeneca se puede guardar en un frigorífico común y cuesta unos pocos euros por dosis. Y, debido a que se espera que se produzca a gran escala, podría desempeñar un papel fundamental para frenar la pandemia. La vacuna ha recibido la aprobación regulatoria en más de 100 países y debe usarse con confianza, según, por ejemplo, el prestigioso Centro Nacional de Investigación y Vigilancia de Inmunizaciones de Australia en Sydney. Pero aún no ha sido aprobada en EE.UU.

Sin embargo, se han administrado más de 20 millones de dosis en países de la Unión Europea y el Reino Unido, al igual que otros 27 millones en India. La vacuna también se está distribuyendo a través del programa COVAX a decenas de países de ingresos bajos y medianos. AstraZeneca ha comprometido 170 millones de dosis para COVAX y planea producir en general 3 mil millones de dosis para fines de 2021.

 

Vacuna de Oxford-AstraZeneca

Vacuna de Oxford-AstraZeneca

Pero, ¿cómo es realmente de efectiva la vacuna de Oxford-AstraZeneca?

El 22 de marzo, la compañía dijo en un comunicado de prensa que un análisis preliminar había encontrado que dos dosis tenían una efectividad del 79% para prevenir la COVID-19 en un ensayo de 32.449 adultos en los EE.UU., Perú y Chile. Ningún participante que recibió la vacuna fue hospitalizado o murió, a pesar de que el 60% tenía condiciones preexistentes asociadas con un mayor riesgo de enfermedad grave, como diabetes u obesidad. Al día siguiente, el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) de EE. UU. dijo que una investigación independiente de evaluación de seguridad cuestionaba que AstraZeneca pudiera haber presentado “información desactualizada”, que proporcionaba una visión incompleta de la eficacia de la vacuna. Pero, desactualizada no significa errónea.

En una carta obtenida por el prestigioso periódico The Washington Post, el organismo regulador había instado a la empresa a comunicar una eficacia entre el 69% y el 74%, basándose en datos más actuales. De nuevo, volvemos a los problemas en la comunicación de los resultados, aún siendo buenos.

En una declaración posterior, AstraZeneca dijo que su cifra de eficacia del 79% se había basado en un análisis intermedio de los primeros datos hasta el 17 de febrero. Pero aún no ha publicado los resultados finales del ensayo. Los expertos esperan que la eficacia final del ensayo esté entre el 60% y el 70%. Esto estaría en línea con ensayos previos realizados en el Reino Unido, Brasil y Sudáfrica, que involucraron a más de 20.000 participantes, que informaron eficacias que oscilan entre el 60% y el 70%. Esta cifra se acerca al 66% de eficacia de la vacuna COVID-19 de Janssen, pero es más baja que las cifras de las vacunas fabricadas por Pfizer y Moderna, las cuales tienen una eficacia superior al 90%.

 

Y… ¿Es realmente segura?

 

Esta pregunta cobró gran importancia durante la última semana en Europa. Más de 20 países detuvieron la vacunación después de informes dispersos de condiciones raras de coagulación de la sangre, principalmente en mujeres de 55 años o menos. Esto fue a pesar de que la vacuna ha sido aprobada y distribuida a millones en el Reino Unido, y la OMS continúa recomendando su uso, diciendo que los beneficios superan los riesgos. Un comité de expertos de la EMA dijo el 18 de marzo que la vacuna era segura y no estaba asociada con un mayor riesgo de coagulación de la sangre en general. Pero no podía descartar un vínculo con dos condiciones de coagulación muy raras y graves, una de las cuales afecta a la sangre de vasos que drenan el cerebro. Sugirió que estos riesgos potenciales se indicaran en el prospecto del producto.

 

Con la publicación de los datos del ensayo provisional, AstraZeneca también dijo que no había identificado ningún problema de seguridad y no había encontrado casos de ese trastorno específico. Pero otros investigadores advierten que la condición podría ser demasiado rara, apareciendo en una o dos personas entre un millón, para aparecer en una prueba de decenas de miles.

 

¿Funciona en las personas mayores?

Los primeros estudios incluyeron muy pocos participantes mayores de 55 años, lo que no permitió a los investigadores saber si la vacuna ofrece la misma protección a las personas mayores que a las más jóvenes. Esta falta de evidencia significó que algunos países, incluido Alemania, inicialmente no aprobaron la vacuna para las personas de 65 años o más. Pero Alemania posteriormente revisó sus pautas para incluir a todos los adultos, después de revisar estudios de Inglaterra y Escocia. Esos estudios mostraron una fuerte protección contra la hospitalización y la muerte asociada a la COVID-19. Los datos del ensayo provisional de AstraZeneca sugieren que la vacuna tiene una eficacia del 80% para prevenir la COVID-19 entre las personas de 65 años o más, que constituían el 20% de los participantes iniciales de su ensayo clínico.

 

¿Cuál es la pauta óptima de administración de las dosis?

 

El programa de dosificación óptimo no ha sido claro desde que se anunciaron los primeros resultados en noviembre, lo que reveló que un subconjunto de participantes que habían recibido accidentalmente menos vacuna en su primera dosis tenían menos probabilidades de desarrollar COVID-19. Un análisis posterior sugirió que el aumento de la protección no se debió a un error de dosificación, sino al mayor tiempo entre dosis. De nuevo, problemas en la comunicación. Los primeros ensayos se diseñaron originalmente para un régimen de una dosis, pero los investigadores decidieron agregar un refuerzo después de que los datos mostraran que una sola dosis no producía una respuesta inmune lo suficientemente fuerte. Probaron un rango de intervalos entre dosis, de 4 a 12 semanas. Los resultados provisionales de AstraZeneca no aclaran cómo optimizar la dosificación, porque todos los participantes recibieron dos dosis con cuatro semanas de diferencia.

Pudiera ser que un intervalo más largo indujera una respuesta inmune más fuerte, pero un intervalo más breve es más práctico en medio de una pandemia. La OMS recomienda un intervalo de 8 a 12 semanas.

 

¿Cómo se comporta la vacuna Oxford-AstraZeneca frente a las variantes?

 

Una gran pregunta que enfrentan todas las vacunas desde que comenzaron a surgir nuevas variantes de virus el año pasado, es cómo funcionan contra ellas. El análisis preliminar en un ensayo del Reino Unido de la vacuna de AstraZeneca encontró que proporcionó un nivel similar de protección contra la variante “británica” B.1.1.7. Pero la situación con la variante B.1.3.5.1, detectada por primera vez en Sudáfrica, es más complicada. Un pequeño estudio allí, de unos 2.000 adultos menores de 65 años, encontró que no protegía contra el COVID-19 leve a moderada causada por esta variante. Sudáfrica ha suspendido el lanzamiento de la vacuna de AstraZeneca, pero la OMS aún recomienda su uso en regiones donde circulan variantes preocupantes. Pronto, AstraZeneca comenzará ensayos con vacunas de nueva generación que funcionarán contra todas las variantes actuales del SARS-CoV-2, según una conferencia de prensa el 23 de marzo.

 

Y… ¿entonces?

 

En base a todo esto, un resumen sería que la vacuna de AstraZeneca es eficaz aunque ligeramente menos que las de Pfizer y Modera. Presentaría una eficacia similar a la de Janssen, que pronto se empezará a administrar. Se trata de una vacuna segura, en la que se han detectados una raros casos de efectos secundarios a nivel vascular. Pero no pueden asociarse definitivamente a la vacuna y tienen una frecuencia extremadamente baja. Especialmente si la comparamos con la frecuencia de la COVID-19. Y hasta lo que sabemos, es eficaz contra la variante británica. De modo que, a vacunarse!!

Eso sí, parece también claro que la estrategia de comunicación de AstraZeneca es claramente mejorable.

 

Fuente: Nature.

 

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

Las vacunas son eficaces contra las variantes

Las vacunas son eficaces contra las variantes

 

La vacunación contra la COVID-19 funciona contra distintas variantes del coronavirus

 

En la última noticia intentamos aclarar qué son las variantes del coronavirus SARS-CoV-2 y cuánto deberíamos preocuparnos al respecto. Como comenté, en estos tiempos de incertidumbre es difícil asegurar nada al 100%. Sin embargo, hoy intentaré mostrar los datos publicados en dos artículos científicos en la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine, en los que se muestra claramente que la campaña de vacunación es efectiva. Pero además, todo apunta a que las vacunas son eficaces contra las distintas variantes del virus que han aparecido de momento en todo el mundo.

 

La campaña de vacunación funciona a nivel de país

 

Los ensayos clínicos que se han realizado para llegar a tener las vacunas actuales contra el coronavirus SARS-CoV-2, se realizaron estudiando su efecto sobre aproximadamente 40.000 personas. Esa cifra puede considerarse muy alta o no, es cuestión de opinión. Sin embargo, si hablamos de un estudio que incluya 1.193.236 personas, si, si, más de un millón de personas estudiadas, creo que el margen para cuestionar que los resultados sean relevantes… se reduce de manera notoria.

 

Pues bien, eso es lo que ha hecho un grupo de investigación en Israel. Desde que se inició la campaña de vacunación con la vacuna de Pfizer, han seguido a las personas que vacunaban y compararon su evolución con personas no vacunadas. Es importante destacar que esas personas no vacunadas se buscaron con unas características demográficas y clínicas comparables a las vacunadas. El resultado es un gigantesco estudio en el que cada uno de los grupos (vacunados y no) incluye 596.618 personas.

 

En ese enorme grupo de personas se evaluó la eficacia de la vacuna tras la primera y la segunda dosis. Los resultados son muy claros (ver figura). La infección se redujo un 46% tras la primera dosis y un 92% tras la segunda. El desarrollo de síntomas compatibles con COVID-19 se redujo un 57% tras la primera dosis y un 94% tras la segunda. Finalmente, el desarrollo de enfermedad grave se redujo en un 62% tras la primera inyección y un 92% tras la segunda.

 

En mi opinión, estos datos no dejan lugar a dudas e incluyen un mensaje doble. Por una parte, que la vacunación es efectiva. Pero por otra lado, que es importante recibir las dos dosis de estas vacunas para lograr el mayor grado de protección. Sin duda, este estudio es un ejemplo del tremendo esfuerzo que está realizando la ciencia contra la COVID-19. Y está dando sus frutos.

Las vacunas son eficaces

Las vacunas son eficaces

La vacunación es efectiva contra las variantes

 

En el segundo estudio del que hablaremos hoy, se ha evaluado si las personas vacunadas son capaces de protegerse contra las distintas variantes del virus que están apareciendo.

 

Para ello, tomaron suero de 20 personas que formaron parte del ensayo clínico mediante el cual se aprobó la vacuna de Pfizer. Generaron en el laboratorio hasta seis virus diferentes que tenían algunas de las variantes más preocupantes del coronavirus SARS-CoV-2 detectadas a lo largo del planeta. Esto incluye la variante británica, la africana y la brasileña.

 

El resultado muestra que el suero de las personas vacunadas logra neutralizar, es decir, bloquear al virus, independientemente de la variante que tenga. De todas estas variantes, la más preocupante es la africana tal y como comentamos, ya que tiene dos mutaciones. Pues bien, aunque la capacidad de los sueros de frenar esta variante es algo menor, sigue siendo tremendamente efectiva.

 

Estos resultados indican que la respuesta inmune generada por las vacunas actuales contra la COVID-19 es eficaz contra los distintos tipos de virus que están apareciendo. Sumado a los resultados del primer estudio del que hemos hablado, la conclusión es clara: tenemos que vacunarnos todos y lo más pronto posible.

 

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

Variantes del coronavirus SARS-CoV-2

Nuevas variantes del coronavirus SARS-CoV-2, ¿qué son? ¿cuánto tenemos que preocuparnos?

 

Ahora que empezamos a tener distintas vacunas contra el coronavirus, estamos oyendo hablar muy frecuentemente en los medios de comunicación acerca de las variantes del coronavirus, en ocasiones de forma un tanto alarmante. Pero, ¿qué son las variantes del coronavirus? Y… ¿tenemos que preocuparnos? Vamos a intentar revisar un poco este tema.

 

 

¿Qué son las variantes del coronavirus?

Vayamos por partes. Para entender qué son las variantes, necesitamos tener claro qué tipo de virus es el coronavirus SARS-CoV-2. Este virus tiene un material genético formado por ácido ribonucleico, o para que nos entendamos, ARN. ¿Y esto qué significa?

 

El material genético de todos los seres vivos puede ser de dos tipos. Por un lado, Ácido desoxirribonucleico, comúnmente conocido como ADN. Pero también puede ser ácido ribonucleico o ARN como es el caso del coronavirus. Así, el material genético de los humanos está formado por ADN, pero el de algunos virus como el SARS-CoV-2 está formado por ARN.

 

Pues bien, una diferencia importante entre el ADN y el ARN es su estabilidad. El ADN es muy estable, mientras que el ARN es muy inestable. ¿Y esto, de nuevo, qué significa? La estabilidad en el material genético es la capacidad de cambiar, nos habla de cuánto cambia el material genético. ¿Y qué es un cambio en el material genético? Una mutación. De modo, que intentando resumir, el ADN al ser muy estable, muta muy poco, mientras que el ARN es muy inestable y, por tanto, muta mucho.

 

Si he logrado dejar claro que el coronavirus puede mutar mucho, entenderemos qué son las variantes. Porque las variantes no son, ni más ni menos que mutaciones del material genético del virus. Esas variantes hacen que se generen virus ligeramente diferentes al original.

Variantes del coronavirus SARS-CoV-2

Variantes del coronavirus SARS-CoV-2

¿Qué variantes son las más conocidas?

Actualmente las variantes más conocidas son las llamadas “británica”, “africana” y “brasileña”. Esto significa que tenemos al menos tres tipos de virus ligeramente diferentes al original que se detectó en la ciudad china de Wuhan. Pero, ¿qué cambios son los importantes en estas variantes como para que estemos hablando tanto de ellas?

 

La variante británica presenta una mutación (cambio) en la zona en la que une al receptor mediante el cual entra en nuestras células. Ese cambio, hace que el virus entre más fácilmente, es decir, la variante británica es más infecciosa.

 

La variante brasileña tiene una mutación en la zona donde se unen los anticuerpos que generamos contra el virus cuando nos infectamos. Esos anticuerpos son una de nuestras herramientas para frenar el virus. De modo que esta variante es preocupante porque podría hacer que las defensas generadas contra el virus sean menos eficaces. Esto podría afectar a la eficacia de las vacunas.

 

Y finalmente tenemos la variante africana, que es quizá la más preocupante. Y es que tiene las dos mutaciones que acabamos de describir. De modo que es una variante más infectiva y, además, puede que nuestras defensas “le afecten menos”.

 

¿Cuánto nos preocupamos?

Entendamos que desde que el coronavirus SARS-CoV-2 apareció en nuestras vidas, hemos aprendido a ser cautos en nuestras predicciones. De modo que algo hay que preocuparse, pero intentemos verlo desde el punto de vista de lo que nos dicen los datos científicos actualmente.

 

Aún no están publicados, pero tenemos noticias de que, aunque la eficiencia de las vacunas que estamos recibiendo se reduce ante las variantes africana y brasileña, estas vacunas siguen siendo eficaces en un alto grado. Las noticias que recibimos nos hablan de una eficacia por encima del 50%. De modo que, en el peor de los casos, las vacunas protegerían a la mitad de los infectados con estas variantes.

 

Por otro lado, al ya conocer estas variantes virales, las empresas fabricantes de vacunas están generando versiones evolucionadas de las mismas, intentando mejorar la respuesta frente a las nuevas variantes.

 

Con lo que el mensaje sería que debemos estar atentos a las variantes, implantar sistemas de detección como los que se están llevando a cabo, seguir manteniendo las medidas de protección que tenemos hasta ahora y continuar la vacunación. Y es que en la próxima noticia os hablaré de nuevos datos sobre la eficacia de la vacuna de Pfizer en cientos de miles de personas. Haré un spoiler: la vacuna funciona.

 

 

 

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

 

Dos nuevas vacunas contra la COVID-19

Datos sobre dos nuevas vacunas contra la COVID-19

 

En los últimos posts he intentado ilustrar los datos científicos más relevantes de las vacunas de Astrazeneca-Oxford, Moderna y Pfizer-Nbiontech. Pues bien, en la última semana hemos conocido nuevos datos esperanzadores de dos nuevas vacunas contra la COVID-19 que, o bien ya se están administrando en distintos países del planeta o bien, se empezarán a administrar en breve. En los dos casos de los que vamos a hablar, veremos que hay algún elemento particular. Se trata de la llamada vacuna rusa, denominada “Sputnik V”, que ya se está administrando en Rusia ó Argentina, y de la vacuna de la compañía Jansssen. Veremos qué sabemos de ellas y comparemos sus datos con las otras tres de las que ya hemos hablado.

 

Vacuna “Sputnik V”… lanzamiento controvertido

 

Los resultados del ensayo clínico de esta vacuna, y recordemos que un ensayo clínico supone testar la vacuna en un grupo controlado de personas para conocer su eficacia, acaban de publicarse en la prestigiosa revista médica The Lancet. Destaco el hecho del ensayo clínico, porque el elemento particular de esta vacuna es que nació con cierta controversia. Y es que el gobierno ruso autorizó su administración antes de conocerse los resultados de este ensayo clínico. ¿Y cómo es eso posible? Sencillo, Rusia no se somete a las agencias del medicamento europea o estadounidense, que son las más reconocidas a nivel mundial en materia reguladora.

 

Sin embargo, ahora tenemos los datos publicados y accesibles para todo el que quiera verlos, y el resultado es que la vacuna rusa es segura y eficaz. Veamos qué dicen esos datos, más allá de controversias administrativas o políticas. Porque no debemos perder de vista algo: el coronavirus SARS-CoV-2 no entiende de naciones. Lo que tenemos que pedirle a las vacunas es seguridad y eficacia, no el pasaporte.

 

La vacuna Sputnik V es segura y eficaz

 

Como he hecho con las otras tres vacunas, analicemos los datos referentes a su seguridad. El 94% de los eventos adversos de la vacuna Sputnik V fueron leves, incluyendo síntomas compatibles con la gripe, dolor en el lugar de inyección, debilidad o dolor de cabeza. Como hemos dicho en otras ocasiones, nada que deba preocuparnos demasiado, y lo que es más importante, nada que no conozcamos de otras vacunas.

 

Para calcular la eficacia de esta vacuna, se incluyeron cerca de 20.000 voluntarios. Los resultados indican una eficacia del 91,6% de protección contra el desarrollo de la COVID-19. Además, ninguno de los casos que se dieron entre los voluntarios vacunados fueron graves, lo que indica que la vacuna, protege contra esos casos más dramáticos. Un dato importante de esta vacuna es que la eficacia no disminuyó como en el caso de otras vacunas, en personas de más de 60 años, con una protección en este caso del 91,8%, prácticamente igual.

 

El resumen sería que esta nueva vacuna presenta unos resultados muy similares a los presentados por las tres vacunas anteriores, de modo que nos proporciona una nueva herramienta contra el coronavirus SARS-CoV-2.

 

Vacuna de Janssen. Una sola dosis

 

Janssen, la división médica de la compañía Johnsson&Johnsson (si, si, la de los jabones), ha comunicado los resultados obtenidos con su vacuna. Aún nos falta verlos reflejados en una publicación científica, pero esto es algo habitual, y por ejemplo, también lo hizo Pfizer. Si bien, podemos estar seguros que si se anuncian con este detalle, los veremos muy pronto en una publicación.

 

La particularidad de esta vacuna es que, por el contrario a las otras cuatro de las que ya hemos hablado, en este caso sólo se administra una dosis. ¿Y por qué? Habría que preguntárselo a la compañía, pero una razón plausible es que si consigue generar protección con una sola dosis… podremos vacunar al doble de gente. Veamos sus datos.

 

La vacuna de Janssen es eficaz

 

El estudio de esta vacuna se ha realizado sobre 43.783 participantes. Los datos de los que disponemos hasta ahora no incluyen los referentes a la seguridad. Lo que sabemos de momento es que un comité independiente no informó de ningún problema de seguridad significativo.

 

Lo que sí sabemos es que es eficaz, aunque en este caso algo menos que las demás, con un 66% de eficacia. Este número puede parecer bajo, pero recordemos que se consigue con una sola dosis, y que para cualquier vacuna, un dato por encima del 60% es suficiente para para considerarla efectiva. Sin embargo, si nos fijamos en los casos de COVID-19 grave, esta vacuna protege al 85%, lo cual es muy significativo.

 

¿Las comparamos?

 

Añadimos las dos nuevas vacunas a nuestra tabla y vemos que el arsenal contra el virus va en aumento. Quiero destacar los interrogantes en si se evita la transmisión del virus. Este es, desde mi punto de vista, el dato que más urgentemente necesitamos saber. Está claro que las vacunas nos protegen de sufrir los síntomas de la COVID-19. Bien, es una grandísima noticia. Pero no sabemos si evita que podamos transmitir el virus… causando la enfermedad a nuestros cercanos no vacunados.

Dos nuevas vacunas contra la COVID-19

Dos nuevas vacunas contra la COVID-19

De modo que mantengamos la guardia alta, sigamos vacunándonos, mascarilla puesta y distanciamiento social hasta que sepamos el efecto de las vacunas contra el virus y el porcentaje de población vacunada aumente. Estamos en el buen camino sin duda.

 

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

 

Resultados científicos de la vacuna de Pfizer

Ya tenemos los resultados científicos de la vacuna de Pfizer

 

En los dos últimos post he intentado resumir los hallazgos científicos publicados que avalan la eficacia de dos de las vacunas contra la COVID-19 que se están administrando actualmente a lo largo del planeta, la de Astrazeneca-Oxford y la de Moderna. Ya os avisé que intentaría hacer lo mismo tan pronto tuviéramos publicados los resultados acerca del ensayo clínico de la vacuna desarrollada por Pfizer-Nbiontech. Pues bien, acaban de salir publicados en la revista New England Journal of Medicine. Vamos a repasarlos e intentar comparar los resultados de las tres.

 

La vacuna de Pfizer-Nbiontech es segura

 

El estudio sobre esta vacuna se ha realizado en más de 43.000 participantes, que se han dividido en dos grupos. A la mitad se les ha inyectado placebo (21.720 participantes) y a la otra mitad, la vacuna completa (21.728 participantes). Como en las dos otras ocasiones, se trata de un estudio realizado en una población enorme de personas, de lo que podemos deducir que los resultados generales serán robustos y representativos de la población general.

 

Como he hecho con las otras dos vacunas, lo primero, analicemos los datos referentes a su seguridad. En torno al 80 % de los participantes que recibieron la vacuna sufrieron efectos secundarios. Y habrá quien diga, ¿en serio? Pues si, tal cual. Esos efectos secundarios fueron dolor en el sitio de infección en el 80% de los casos, enrojecimiento en torno al 6% de los casos e inflamación más o menos en el 7% de los casos. Y lo que es más importante, no se dieron eventos adversos asociados a la vacuna. ¿Conclusión? Al igual que las otras dos vacunas ya analizadas, la de Pfizer-Nbiontech es segura.

 

La vacuna de Pfizer-Nbiontech es eficaz

 

Al igual que en los otros ensayos, tras la administración de la vacuna, se monitorizó a los participantes para ver si desarrollaban COVID-19. Entre las personas que habían recibido el placebo, se detectaron 162 casos de COVID-19. Sin embargo, entre los vacunados con la vacuna real, sólo se detectaron 8 casos. Tenéis los datos en la gráfica.

 

Además, entre todos los participantes se observaron 10 casos de COVID-19 severa. Al analizar a qué grupo pertenecían estos participantes, se vió que 9 casos eran placebo y sólo 1 estaba vacunado con la vacuna completa. Esto permite afirmar que la vacuna también es eficaz contra la COVID-19 grave.

 

Siguiendo el mismo razonamiento que hice para la vacuna de Moderna, estos datos significan que una vez vacunados, sólo se van a “escapar” un 5% de los casos (100% – 95% = 5%). Además, de ese 5%, sólo el 10% desarrollaría una COVID-19 grave (10 – 9 = 1, lo que supone un 10%.). Sin duda, son datos para afirmar que la vacuna es eficaz.

Resultados científicos de la vacuna de Pfizer

Resultados científicos de la vacuna de Pfizer

La vacuna de Pfizer-Nbiontech es eficaz en cualquier rango de edad

 

Los investigadores de este estudio dividieron a los participantes en los siguientes rangos de edad: entre 16 y 55 años, mayores de 55 años, mayores de 65 años y mayores de 75 años. El resultado, mostrado en la tabla 3 del artículo, indica que si la vacuna, tal y como hemos dicho, es eficiente al 95% en población general, sigue siendo eficaz en estos grupos de edad al 95%, 93%, 94% y 100% respectivamente. Esto sin duda es una muy buena noticia por que los datos de la vacuna de Moderna, indicaban que era algo menos eficiente en mayores de 65 años.

 

No olvidemos que la vacuna de la que estamos hablando en este artículo, fabricada por Pfizer-Nbiontech, es la que se ha iniciado a administrar a nuestros sanitarios y mayores en residencias. De modo que claramente, les estamos protegiendo y con ellos, a toda la población.

Y si comparamos las tres vacunas, ¿qué?

 

Viendo el desarrollo de la vacunas contra COVID-19 en el mundo, las tres vacunas de las que hemos hablado hasta ahora son las que muy probablemente tengan más difusión. De modo que vamos a analizar comparativamente sus datos en la siguiente tabla.

 

VacunaComponente activoEficacia generalEficacia en mayores de 65¿Evita transmisión del virus?
Astrazeneca-OxfordVector viral90%¿?60%
ModernaARN94%86%¿?
Pfizer-NbiontechARN95%95%¿?

 

El resumen sería que las tres vacunas tienen una eficacia contra el desarrollo de la COVID-19 por encima del 90%, lo cual es muy alto. Tengamos en cuenta, que, por regla general, la Organización Mundial de la Salud considera que una vacuna es eficaz si alcanza el 60%.

 

De modo que, sigamos vacunándonos y animando a vacunarse a los reticentes, simplemente basándonos en datos científicos.

 

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

Resultados científicos de la segunda vacuna

¿Qué nos dicen los resultados científicos de la segunda vacuna contra la COVID-19?

 

En el último post del pasado 2020 intenté describir los datos que nos aportaba la primera publicación científica acerca de una de las tres vacunas contra la COVID-19 que ya se están administrando en distintas partes del mundo. En esta ocasión, os hablaré de los resultados científicos de la segunda vacuna, publicados en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine, acerca de los resultados del ensayo clínico de la vacuna diseñada por la compañía Moderna. Insisto en que para que estos resultados hayan llegado a ser una publicación, han pasado por un proceso de evaluación científica exhaustiva.

 

Antes de entrar en materia es importante destacar que esta vacuna está fundamentada en el mismo principio que la de Pfizer-BioNtech, la cual se está administrando en España. Estas vacunas consisten en administrar un fragmento sintético de ARN que permite que nuestro cuerpo exprese una proteína del virus. En concreto la proteína S. De esta forma, nuestras defensas (sistema inmune), la identifica como extraña y así, si llegamos a enfrentarnos al virus real, estaremos preparados para identificarlo y atacarlo.

 

Esa molécula de ARN es un fragmento de material genético, en una forma que nuestro cuerpo puede utilizar para producir la proteína S. Pero que quede claro. No va a modificar nuestro ADN. No se va a meter en nuestro ADN. En resumen, no va a cambiar nada de nuestro genoma. ¿Por qué? Porque ni la vacuna ni nuestro cuerpo tienen la maquinaria necesaria para hacer nada de eso.

 

La vacuna de Moderna es segura

 

Al igual que con cualquier otra vacuna, parece claro que al inyectarnos esta también tendremos alguna reacción. ¿De qué tipo? En el 80 % de los casos dolor en el punto de inyección, en el 70% de los casos dolor de cabeza o fatiga. Estos son los “temidos” efectos secundarios tras la administración de las dos dosis necesarias para que esta vacuna funcione. No parece demasiado, ¿no?. Y lo dicho, es algo muy normal cuando nos vacunamos. No perdamos de vista que nos estamos exponiendo a un agente extraño contra el que nuestro cuerpo reacciona. Pero de manera leve y transitoria.

 

En cualquier caso, la conclusión del estudio es que la vacuna es segura y por ello el ensayo clínico ha proseguido hasta hoy.

 

La vacuna de Moderna es eficaz

 

Los resultados científicos de la segunda vacuna, generada por Moderna, muestran que para verificar la eficacia de esta vacuna, se ha estudiado su efecto en casi 30.000 personas. A la mitad de ellas (14.598) se les administró la vacuna placebo, es decir, con todos los componentes excepto el ARN que he explicado antes. A la otra mitad (14.550) se les administró la vacuna completa, incluyendo el ARN. Una vez administradas las vacunas, se hizo un seguimiento de esas personas para ver si desarrollaban COVID-19. Ese seguimiento duró tres meses desde la aplicación de la segunda dosis de la vacuna.

 

Pues bien, el resultado fue que en el grupo que recibió placebo, se detectaron 185 casos de COVID-19 con síntomas. Sin embargo, en el grupo que recibió la vacuna completa, sólo se detectaron 11 casos. De modo que del total de casos, si sumamos 185 + 11 = 196, de los cuales, 185 fueron en el placebo, obtenemos una eficacia del 94%. Tenéis los datos en la gráfica.

 

Resultados científicos de la segunda vacuna

Resultados científicos de la segunda vacuna

 

Además, entre todos los participantes se observaron 30 casos de COVID-19 grave, incluyendo un caso que supuso la muerte. Todos estos casos se dieron en el grupo placebo. La conclusión de estos datos es que la vacuna previene el desarrollo de esos casos de COVID-19 grave que requieren hospitalización y que pueden llegar a ser fatales.

 

El resumen de estos datos es que una vez vacunados, sólo se van a “escapar” un 6% de los casos (100% – 94% = 6%). Ese 6% de los vacunados que desarrollarán COVID-19, nunca será grave. ¿Suena bien, no?

 

La vacuna de Moderna funciona en mayores de 65 años

 

Esto es importante. Dentro del estudio, se ha diferenciado entre personas de entre 18 a 65 años y mayores de 65. Los datos indican que la eficacia de la vacuna es menor en mayores de 65 años, con valor de 86,4%. Sin embargo, a pesar de que se reduzca su eficacia, sigue siendo aún muy alta para ayudar a proteger a nuestros mayores.

 

¿Nos vacunamos con esta vacuna entonces?

 

Esta pregunta es muy fácil. Si, si y si. Con esta, y con cualquiera que llegue, siempre y cuando se sometan a los controles y evaluaciones que están superando las tres vacunas que ya se están suministrando a nivel mundial. En concreto, la de Moderna, de la que estamos hablando en este post, es segura y eficaz. De modo que más pronto que tarde llegará también a nuestros centros de vacunación.

 

Curiosamente, nos faltan los datos científicos publicados de la vacuna que ya se está administrando, la de Pfizer-BioNtech. Esto no significa esta vacuna se esté saltando algo. Es de entender que se haya priorizado la preparación de la documentación requerida por las autoridades para empezar la vacunación, y la publicación estará al caer. Y yo intentaré explicarla cuando salga.

 

 

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

Primeros resultados científicos de la vacuna

Ya tenemos los primeros resultados científicos de la vacuna contra la COVID-19

Pues si, finalmente, ya tenemos publicados los primeros resultados científicos de la vacuna contra el coronavirus SARS-CoV-2. Hasta ahora sólo teníamos datos en base a notas de prensa, que ya repasamos. Aparecen en la prestigiosa revista médica “The Lancet” y nos permiten empezar a valorar las nuevas vacunas contra la COVID-19 de manera rigurosa. Es importante destacar que para poder llegar a ser una publicación, ha pasado por un proceso de evaluación realizado por científicos expertos en la materia. Intentaré explicar qué es lo que nos dicen.

 

La vacuna de Astrazeneca es segura

Esta sería la primera conclusión a la que podemos llegar. La publicación indica que los resultados vienen del estudio de nada menos que 11.000 personas. A pesar de las noticias que puedan leerse puntualmente en medios de comunicación, la incidencia de contraindicaciones es mínima. En ningún caso se han generado problemas que hubieran obligado a parar el estudio. Y es que con la crisis socio-sanitaria que estamos sufriendo, todo el mundo está pendiente de si surge una complicación por las nuevas vacunas. Pero, ¿nos suena extraño que un niño tenga fiebre cuando se vacuna? De la misma forma, no debería extrañarnos pasar “un par de días chungos” por las vacunas que están por venir.

 

La vacuna de Astrazeneca es eficaz

Como todas las vacunas que se están desarrollando en la actualidad contra el coronavirus SARS-CoV-2, también para esta vacuna serán necesarias dos dosis. Esto es algo bastante común en vacunas que ya conocemos. Se trata de una dosis inicial de “inmunización”, que después lleva una dosis de “refuerzo”. Volviendo al ejemplo de los niños, es algo que vemos como normal (vacunas a las 3, 6 y 12 meses). O por ejemplo, la vacunación de refuerzo contra el tétanos cuando sufrimos un corte con algo metálico.

 

Los datos de eficacia muestran que esta vacuna es eficaz al 90%. Lo que quiere decir es que entre todos los casos de COVID-19 que se hayan dado entre esas 11.000 personas, el 90% de ellos se han dado en personas vacunadas con el placebo. Esto es una gran noticia, porque necesitamos valores altos de eficacia para ganar la batalla al coronavirus.

 

La vacuna de Astrazeneca previene la infección

Esto es importante. Una cosa es infectarse con el virus. Y otra cosa muy distinta es desarrollar la COVID-19, es decir, tener los síntomas. Porque todos sabemos que en esta infección, muchas personas son “asintomáticos”. El 90 % del que hablábamos antes se refiere a personas que no desarrollan síntomas. Pero, ¿previene la vacuna la infección asintomática?

Los datos que proporciona esta publicación indican que previene las infecciones asintomáticas en el 60% de los casos. Este dato es muy importante, porque es el único ensayo de las actuales vacunas en el que se ha testado. Y puede parecer poco, pero combinado con el 90% de eficacia frente al desarrollo de la COVID-19, es ciertamente mucho.

Primeros resultados científicos de la vacuna

Primeros resultados científicos de la vacuna

 

¿Qué nos queda por saber sobre esta vacuna?

Fundamentalmente dos cosas.

Por un lado, estos resultados sobre 11.000 personas suponen un estudio intermedio al total del ensayo clínico. Ese total son 24.000 personas, de modo que cuando tengamos el resultado total, podremos estar aún más seguros de los datos aportados.

Por otro lado, no está aún clara la eficacia de esta vacuna en personas de mayor edad. Los resultados de eficacia al 90% se ciñen a personas de entre 18 y 55 años. Para saber la eficacia en personas mayores de esas edad, tendremos que esperar a los resultados del ensayo completo.

 

¿Algo más?

Si, una ventaja extra de esta vacuna es que es la más barata de producir y la más fácil de distribuir si la comparamos con los diseños de Moderna o Pfizer-BioNtech.

En cualquier caso, recordemos que el coronavirus SARS-CoV-2 no entiende de fronteras. Esto significa que para poder vencer al virus, necesitamos vacunar a la población mundial. Porque no vale vacunar a un país. Porque no vale vacunar a un continente. Porque necesitamos vacunar a todo el planeta. De modo que, ya tenemos datos científicos sobre esta vacuna. Pero seguimos esperando los de las demás vacunas en desarrollo. Porque las necesitamos todas.

 

 

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

Test caseros para detectar coronavirus

 

De un tiempo a esta parte, estamos oyendo noticias de la llegada de test caseros para detectar coronavirus. Teniendo en cuenta que en Empireo somos especialistas en la realización de pruebas de detección de este este virus, creo que este reportaje en el que he participado puede ser interesante. Espero que os ayude a aclarar qué son, y qué validez tienen.

https://www.newtral.es/test-coronavirus-para-hacer-casa-fiables/20201205/

Test caseros para detectar coronavirus

Test caseros para detectar coronavirus

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

 

Vacunas contra el coronavirus

¿Qué significan los datos que vemos sobre las vacunas contra el coronavirus?

 

En las últimas dos semanas hemos recibido la noticia que todos estábamos esperando: las vacunas en desarrollo contra el coronavirus parecen funcionar. Destaco en esta frase vacunas “en desarrollo”. No debemos olvidar que los datos de los que vamos a hablar proceden de las notas de prensa emitidas por las empresas productoras. Para tener datos concluyentes tendremos que esperar a que avancen los ensayos clínicos. Pero veamos qué significa realmente lo que nos están diciendo.

 

Para explicar los datos que estamos viendo, nos centraremos en las vacunas contra el coronavirus fabricadas por Pfizer y Moderna. La empresa Astrazeneca ha publicado también resultados prometedores que abordaremos en una próxima noticia.

 

Vacuna de Pfizer-BioNtech

 

El ensayo clínico para testar la eficacia (en otras palabras, saber si funciona) y la seguridad de esta vacuna incluye a cerca de 44.000 personas. Esto significa que es de esperar que la mitad de ellas reciban la vacuna y la otra mitad reciban un placebo, es decir, la solución que contiene la vacuna, pero sin el agente activo. Es importante destacar que ni las personas participantes, ni el personal médico que administra la vacuna saben si se está poniendo placebo o vacuna real. Es lo que conocemos como ensayo doble ciego.

 

Una vez administrada la vacuna, en el ensayo clínico se sigue a los participantes para ver si se contagian del coronavirus SARS-CoV-2 y desarrollan la enfermedad COVID-19. Pues bien, una vez que han detectado 94 casos de COVID-19 entre los participantes, un agente externo a la empresa ha mirado a cuántos de esos 94 participantes se les había administrado placebo o vacuna.

 

El resultado es que el 90 % de los casos de COVID-19 indicados habían recibido placebo. Y de ahí la noticia del 90 % de efectividad.

 

Vacuna de Moderna

 

El ensayo llevado a cabo por esta empresa se basa en el mismo principio que el anterior. En este caso, este estudio incluye en torno a 30.000 personas. Siguiendo con el mismo razonamiento, la empresa ha esperado a tener 95 casos de COVID-19 entre los participantes del ensayo clínico. Con los datos de esos casos, un agente externo ha visto que el 94% de los mismos habían recibido vacuna real, y de ahí el dato de su efectividad.

 

Vacunas contra el coronavirus

Vacunas contra el coronavirus

¿Nos creemos estos datos?

 

Como he comentado, las distintas empresas han lanzado estos datos en ruedas de prensa. Para tener una confirmación científica tendremos que esperar a ver datos completos en una publicación científica, donde se muestren y se discutan de forma clara. Pero ciertamente, debemos creernos estos datos. No olvidemos que tal y como he comentado, los datos son analizados por un agente externo a las empresas. Es como una especie de “auditoría externa”.

 

Además, al tratarse de datos procedentes de un ensayo clínico, las agencias reguladoras del medicamento tienen que autorizar a las empresas el que lancen estas noticias. Es de esperar que previo a su lanzamiento, las agencias hayan comprobado su veracidad.

 

De modo que si, parece que tendremos vacuna contra el coronavirus, y que será eficaz y segura. Todo ello gracias al desarrollo de ensayos clínicos.

¿Qué nos falta por saber?

 

En este caso, la respuesta es quizá menos esperanzadora, pero lo cierto es que nos falta mucho por saber. Fijémonos que estos datos proceden de 94 y 90 casos de COVID-19 entre todos los participantes (casi 44.000 y 30.000 respectivamente), con lo que faltan aún muchísimos datos por recopilar.

 

Sí es importante destacar que debido al bajo número de casos COVID-19 analizados, el que una vacuna muestre una eficiencia del 90% o el 94%, no significa ciertamente que una sea mejor que la otra. Necesitaremos tener datos de muchos más casos para poder saber si realmente hay diferencias entre ellas.

 

En cualquier caso, los datos de los que disponemos hasta ahora son muy esperanzadores. La ciencia, que avanza que es una maravilla…

 

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

 

CRISPR y detección del coronavirus

El premio Nobel CRISPR puede ayudarnos en la detección del coronavirus

 

El premio Nobel de química de este año 2020 es para las investigadoras Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna por “el desarrollo de un método para edición genética”. Este método se denomina CRISPR del inglés “Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats, en español, repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas”.

 

Se trata de un método que permite seleccionar regiones de material genético y eliminarlas. Su potencial es tremendo, si consideramos que hay enfermedades debidas a alteraciones genéticas, y que el CRISPR podría suprimirlas. Por ello, este método parece llamado a revolucionar la biología molecular tal y como la conocemos. Pero además, puede suponer una nueva herramienta en la detección del coronavirus SARS-CoV-2. Veamos cómo.

 

¿Cómo funciona el CRISPR?

 

Sin entrar en detalles demasiados técnicos, el CRISPR funciona como unas tijeras de material genético. Lo curioso es que CRISPR es también material genético en pequeños fragmentos. Esos pequeños fragmentos CRISPR van a reconocer el material genético (ADN) que queramos cortar, se van a pegar a ellos y van a permitir que unas “tijeras moleculares” llamadas Cas hagan el corte.

 

La idea que surge de este sistema, es que cuando una secuencia genética es responsable de una enfermedad, si producimos un CRISPR que reconozca esa secuencia, podremos eliminarla. Si todo esto funciona así… eliminaríamos el causante de la enfermedad. Bueno, suena como algo merecedor de un premio Nobel, ¿no? Pero, ¿cómo puede ayudarnos a detectar al coronavirus?

CRISP y detección de coronavirus

Detección de coronavirus mediante CRISPR

 

Ya hemos comentado en alguna otra ocasión que el coronavirus SARS-CoV-2, como todos los virus, tiene un genoma, es decir, un material genético. Conocemos la secuencia de ese material genético desde prácticamente el descubrimiento del virus. De hecho, gracias a que conocemos la secuencia, podemos detectarlo mediante PCR.

 

Bien, si conocemos la secuencia del virus, en principio, podríamos diseñar secuencias CRISPR que reconozcan su material genético. Una vez que CRISPR ha reconocido la secuencia del coronavirus, activaría las tijeras moleculares Cas. Y aquí es donde entra la novedad para poder utilizar este sistema en la detección. Una vez activadas las tijeras, pueden cortar no sólo la secuencia del virus, sino elementos “reporteros” que nosotros introduzcamos. ¿Y esto qué es?

 

Un “elemento reportero” es algo que podemos medir y que aparece después que ha ocurrido algo que nos interesa. Por ejemplo, la alarma de casa es un “elemento reportero”: primero alguien entra en casa y la alarma nos dice que alguien ha entrado. La aplicación de CRISPR al diagnóstico de coronavirus hace algo parecido. Una vez que CRISPR reconoce la presencia del virus en la muestra del paciente, activa a Cas, y ese Cas revela a un reportero que podemos medir. Si esa medición nos da señal, la muestra es positiva. Si CRISPR no reconoce al coronavirus, no activará a las tijeras Cas, no habrá señal del reportero y la muestra será negativa.

 

¿Utilizamos ya CRISPR?

 

De momento, los primeros test de detección de coronavirus basados en CRISPR están en fase experimental. Una ventaja que pueden proporcionar estos test es la rapidez con la que tendríamos los resultados. Además, al estar basados en biología molecular, sería de esperar que su especificidad sea similar a la PCR. Todo esto se está probando en estos momentos, con la esperanza de un nuevo test, relativamente rápido y con gran especificidad. Seguiremos atentos.

 

Os dejo un artículo publicado en la prestigiosa revista Nature en el que se detallan los test rápidos basados en la detección del coronavirus (no de anticuerpos) que existen o se están testando. Insisto, estos test rápidos detectar al virus de diferentes maneras, no los anticuerpos producidos en respuesta a su infección.

 

 

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

Coronavirus: la ciencia es discusión

La ciencia es discusión. También en la investigación contra el coronavirus.

Entre otros muchos cambios que nos ha traído la pandemia causada por el coronavirus, está la alusión casi constante a la ciencia tanto por parte de nuestros políticos, como por los medios de comunicación. Esto es una buena noticia, ya que está permitiendo que la labor de los científicos sea más visible que nunca. Sin embargo, también está teniendo un efecto perverso, muy probablemente debido al uso partidista que nuestros políticos hacen de la labor científica. Oímos hablar de “la opinión de los expertos”, “hacemos lo que dicen los técnicos”, sin llegar a entender que la ciencia es discusión. Espera, espera, ¿cómo que la ciencia es discusión? Bien, voy a intentar, como científico que soy, explicarlo.

La discusión en la producción científica

El desarrollo de la ciencia se basa en el método científico. Este método funciona de la siguiente manera. El científico observa una realidad, un fenómeno. Después, se documenta sobre el mismo, estudia sobre ese fenómeno. Una vez que ha estudiado, plantea una hipótesis que cree puede funcionar para el fenómeno a estudio. Seguidamente, diseña un experimento que le permita comprobar si su hipótesis funciona o no y desarrolla ese experimento. Con los resultados de su experimento, discute acerca de lo que ha encontrado. Y destaco esto. Discute.

Coronavirus: la ciencia es discusión

Si lo llevamos a la investigación en el coronavirus causante de la pandemia COVID-19, en concreto, al desarrollo de vacunas, aplicar el método científico se traduce en lo siguiente.

El científico observa que existe la infección y que surge la necesidad de generar una vacuna. Después, estudia sobre el coronavirus, se documenta de cómo es el virus, de cómo infecta, cómo reacciona nuestro cuerpo ante la infección. En este sentido, el científico estudia lo que se sabe, pero no puede estudiar lo que no se sabe. Parece una perogrullada, pero es importante decirlo. Porque en el caso del coronavirus es mucho más lo que no se sabe que lo que se sabe. Tras ese estudio, plantea una hipótesis acerca de que un tipo de vacuna, pueda ser efectiva contra la infección. Y con todo eso, diseña un experimento para probarla, que en este caso sería un ensayo clínico. Tras los resultados de cada una de las fases del ensayo clínico, el científico discute sus resultados para poder entender su aplicación.

De modo que todas las publicaciones científicas, y digo todas, tienen la misma estructura, compuesta de cuatro apartados: introducción, material y métodos, resultados y discusión. En la introducción se recogen las dos primeras fases del método científico (observación y documentación). El material y métodos y resultados describe la hipótesis a estudiar y el experimento que se diseña para comprobarla. Finalmente la discusión sirve para eso, para discutir tus resultados. Un ejemplo es el que hemos publicado en Empireo, recogiendo información acerca de la incidencia de la infección por coronavirus durante el confinamiento de primavera.

Y, ¿por qué tanta discusión en ciencia?

La ciencia es dinámica. Existen muchos procesos que conocemos hoy, que no conocíamos hace 20 años. O incluso, hoy sabemos que la ciencia estaba equivocada en cómo funcionaban algunos procesos hace 20 años. Esto se debe a que el avance científico, permite tener técnicas más precisas, nuevas herramientas y nuevos enfoques de investigación, siempre gracias a la discusión.

Por que en ciencia, la discusión no se entiende como “yo llevo razón y tú no”. Este es el tipo de discusión que vemos hoy en nuestros políticos. La discusión científica se entiende como “esto es lo que interpreto que dicen mis resultados y lo comparo con lo que dicen otros científicos”. Es una discusión crítica y constructiva, en un intento de avanzar. Nunca es una discusión cerrada a que “mi opinión es la que vale”.

El mensaje que pretendo lanzar con este post, es que es normal que haya distintas posiciones científicas acerca de qué hacer con el coronavirus. Por ejemplo, hay distintos tipos de vacunas en marcha, aunque todas pretendan protegernos contra la COVID-19. El que haya distintos tipos, se debe a que diferentes grupos científicos, están formulando distintas hipótesis según el método científico descrito anteriormente.

Por más que lo intenten, no hay un pensamiento científico de un partido político o de otro. El pensamiento científico es crítico y discute. Discute para avanzar. Discute porque manejamos procesos desconocidos que intentamos entender. La discusión nos permite avanzar. Y existe discusión porque hay distintas versiones. Pero es no es malo. Eso permite el avance. No dejemos que visiones partidistas distorsionen la necesidad de discutir. Especialmente en algo de lo que sabemos en realidad tan poco, como es la infección por el coronavirus SARS-CoV-2.

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

Papel del interferón en la COVID-19 grave

El interferón nos protege contra infecciones por virus

 

Ya sabemos que nuestro cuerpo presenta una serie de mecanismos de defensa contra infecciones que componen el sistema inmune. Dependiendo del tipo de infección, el tipo de respuesta de este sistema es diferente. Si hablamos de infecciones causadas por virus, nuestro cuerpo produce una molécula que es especialmente efectiva contra ellos, el interferón. Pues bien, una producción de interferón deficiente podría ser la causa de los casos de COVID-19 grave causados por el coronavirus SARS-CoV-2. Esto es lo que demuestran tres trabajos publicados recientemente en importantes revistas científicas. Veamos cual es el papel del interferón en la COVID-19 grave y qué implica.

 

En casos de COVID-19 grave, nuestro cuerpo puede bloquear el interferón

 

El primero de los estudios publicado en la revista Science, muestra que un diez por ciento de pacientes graves de COVID-19 tienen anticuerpos contra el interferón. Recordemos que ya hemos hablado antes de los anticuerpos. Se trata de compuestos que genera nuestro sistema inmune para bloquear a aquello contra lo que van dirigidos. Es decir, en el caso de las vacunas, queremos generar anticuerpos contra el SARS-CoV-2. Pero en este caso, lo que ocurre es que nuestro organismo puede producir anticuerpos contra el interferón. De este modo, el interferón no podría actuar contra el coronavirus, lo que conduciría a COVID-19 grave.

 

Este tipo de procesos de conocen como autoinmunidad. Y es que nuestro propio cuerpo reacciona contra nosotros mismos, en este caso, bloqueando el interferón producido para eliminar al coronavirus. Estos anticuerpos “malos”, no se encuentran ni en donantes sanos ni en pacientes asintomáticos o con COVID-19 leve. De modo que aquí tenemos una posible explicación de porqué algunos casos de infección se convierten en graves y otros no. Aquellas personas que generen anticuerpos contra el interferón tienen más probabilidad de desarrollar COVID-19 grave. Además, esto podría también ayudar a explicar por qué esta infección es más grave en personas ancianas. Y es que en este estudio, la mitad de los pacientes con esos anticuerpos “malos” eran mayores de 65 años.

 

Defectos genéticos en la producción o función del Interferón

 

Un segundo estudio también en la revista Science, ha analizado variaciones genéticas entre pacientes de COVID-19 grave y pacientes asintomáticos o leves. Lo que han hecho ha sido secuenciar su genoma, buscando qué es diferente entre estos dos grupos. Las diferencias, podrían explicar que la COVID-19 sea grave o no.

 

Lo que han encontrado es que los pacientes con COVID-19 grave tienen ciertos cambios en el genoma (mutaciones), concretamente en ocho genes. Lo interesante es que esos ocho genes están implicados en la producción y la función del interferón. De modo que en línea con el anterior trabajo, parece reforzar la idea de que una producción deficiente de interferón por nuestro organismo (o su bloqueo como en el caso anterior), puede hacer la diferencia entre desarrollar COVID-19 grave o no.

 

El coronavirus SARS-CoV-2 puede inhibir la producción de interferón

 

Finalmente, un tercer trabajo publicado en la revista Cell Reports muestra que una de las proteínas del coronavirus SARS-CoV-2 puede inhibir al interferón. Es decir, que el propio virus tiene herramientas para luchar contra el interferón que nuestro cuerpo produce para eliminarlo. En concreto, lo que muestra este estudio es que coronavirus aislados de pacientes con COVID-19 grave, tienen una capacidad mayor de inhibir al interferón. De nuevo, otra evidencia que apunta a que si el interferón no funciona, es más probable que los síntomas causados por el coronavirus sean más graves.

 

Papel del Interferón en la COVID-19 grave

Papel del Interferón en la COVID-19 grave

 

Y … ¿qué hacemos con esto?

 

Estos resultados científicos nos aportan un conocimiento importante acerca de la patología COVID-19 causada por el coronavirus. Pero a la vez, nos dan tres nuevas herramientas potenciales para su tratamiento.

 

El conocimiento consiste en la importancia del interferón en los casos graves. Si podemos saber de antemano cómo será la producción de interferón en respuesta al coronavirus, podríamos saber las probabilidades de desarrollar COVID-19 grave. Esto nos ayudaría a identificar a pacientes con mayor riesgo.

 

Además, estos estudios nos ofrecen tres potenciales nuevas terapias para prevenir el desarrollo de COVID-19 grave. Esas terapias se basarían en eliminar esos anticuerpos bloqueantes contra el interferón. Alternativamente, se podría administrar interferón o bien, intentar bloquear la proteína del coronavirus que inhibe su producción. Seguro que en un futuro cercano oiremos más de estas nuevas esperanzas que nos brinda la ciencia. Lo que empezamos a saber es el papel del interferón en la COVID-19 grave.

 

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

Controladores de élite del VIH

Novedades sobre los controladores de élite del VIH

No nos olvidemos de otras infecciones

 

Últimamente hablamos mucho de anticuerpos y PCR relacionado con la COVID-19 causada por el coronavirus SARS-CoV-2. Sin embargo, la generación de anticuerpos en respuesta a infecciones virales, o la detección de estas infecciones mediante PCR no es algo nuevo. Existe un campo donde estos dos aspectos son bien conocidos desde hace tiempo: la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana VIH, causante del Síndrome de inmunodeficiencia adquirida, SIDA. En este post, os quiero hablar de un importante descubrimiento en este campo. En concreto, sobre los controladores de élite del VIH. Y es que a pesar de lo presente que está la actual pandemia en estos días, no debemos olvidar otras infecciones y enfermedades.

 

Controladores de élite del VIH

 

El virus VIH puede encontrarse en dos formas en el organismo. Por una parte, puede estar en forma de virus infectivo, el cual se detecta en muestras de sangre mediante PCR. En estos casos, está indicada la terapia con antiretrovirales, cuya función es evitar la multiplicación del virus.

 

Por otra parte, el virus puede “introducirse” en el genoma de nuestras propias células, en el proceso conocido como integración. En este caso, hablamos de provirus. En este caso, es necesario realizar la PCR desde el ADN del paciente, donde se encuentran los provirus. Pues bien, existe una proporción muy pequeña de personas infectadas con VIH que, aunque no reciben tratamiento con antiretrovirales, nunca presentan virus circulantes, a pesar de tener provirus. Se calcula que sólo el 0,5% de pacientes infectados se encuentran en esta situación y son los llamados controladores de élite del VIH.

 

Si llegáramos a entender cómo logran controlar al VIH en forma de provirus, se podría intentar diseñar una terapia que consiguiera hacer controladores de élite a todo aquel que se infecte. La buena noticia es que un reciente artículo en la prestigiosa revista Nature, ahonda en los mecanismos que pueden explicar este proceso. Veamos en qué consiste.

 

Los provirus de los controladores de élite están en “desiertos genéticos”

 

Los investigadores de este trabajo han descubierto que los provirus de los controladores de élite se encuentran en zonas del genoma distintas a aquellas personas que desarrollan virus circulantes. Esas zonas se caracterizan por una baja actividad. En este sentido, no todo nuestro ADN es igualmente activo. Existen zonas con mucha actividad que son responsables de procesos activos como por ejemplo, la producción de proteínas. Pero existen otras zonas que se consideran “desiertos genéticos”, porque apenas tienen actividad. De hecho, existen investigaciones que tratan de entender por qué tenemos esas regiones en nuestro ADN.

 

El gran hallazgo de este trabajo es comprobar que los provirus de los controladores de élite se encuentran en estas zonas “desérticas”. Esto nos lleva a la conclusión de que la diferencia en estos pacientes no es la cantidad de provirus que tienen, sino la calidad de los mismos. Tenemos que entender que en este caso, la calidad se refiere a dónde se encuentran dentro del ADN del paciente.

 

Implicación de encontrar provirus en desiertos genéticos

 

Estos resultados tienen, al menos, dos importantes implicaciones. Por un lado, como comentaba, puede suponer cambiar el paradigma actual que dice “a más provirus, peor pronóstico”. Según este trabajo, puede que esta idea no sea del todo cierta. Lo que tendríamos que decir sería “a más provirus en zonas activas, peor pronóstico”. De modo que en el futuro, será importante saber dónde se encuentran los provirus.

 

Pero por otro lado, este hallazgo abre la posibilidad a intentar entender porqué y cómo esos provirus se colocan en los “desiertos genéticos”. Si lográramos conocer el detalle de este proceso… ¿podría suponer el inicio de una nueva terapia contra el VIH? ¿Llegaríamos a curar la infección? Veremos. De momento, es una nueva puerta que la investigación ha abierto en este sentido.

 

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

Pasos para la vacuna contra el coronavirus

Cómo saber que una vacuna contra el coronavirus funciona

En noticias anteriores nos preguntamos cuando estaría disponible una vacuna contra el coronavirus. También intentamos aclarar qué son los anticuerpos de los que tanto oímos hablar en los medios de comunicación.

 

En los últimos días, estos mismos medios no paran de informarnos acerca de la posible llegada de la tan esperada vacuna contra el coronavirus, incluso con fechas concretas. Con este post intentaremos explicar los pasos necesarios para generar una vacuna, desde su origen en el laboratorio hasta la llegada a la clínica para poder aplicarla a personas en riesgo. Ese proceso que supone la investigación necesaria para conseguir que un medicamento o vacuna llegue a aplicarse, se conoce como “ensayo clínico”.

 

Fases de un ensayo clínico

A grandes rasgos, un ensayo clínico se compone de cuatro fases (pre-clínica, I, II y III) antes de que el medicamento o vacuna a estudio se administre a personas. Es importante tener en cuenta que para poder pasar de una fase a otra, se deben obtener resultados positivos en la fase anterior. Es decir, un ensayo clínico no avanzará a fase III si no obtiene buenos resultados en la fase II.

 

El primer paso para poder iniciar la investigación de una vacuna en humanos, es tener datos en animales de experimentación que apoyen su uso. Esta fase es la fase pre-clínica. Las vacunas pueden probarse, por ejemplo, en ratones, cobayas, hurones o macacos, dependiendo de las características de la vacuna a testar. En el caso de la infección por coronavirus SARS-CoV-2, los ratones de laboratorio convencionales no se infectan, ya que carecen de la molécula que usa el virus para entrar en las células. Esto ha motivado que se generen ratones modificados genéticamente. Estos ratones sí se infectan con el SARS-CoV-2 y puedan usarse como animales de investigación para la vacuna contra este coronavirus. Sin embargo, esto ha hecho que los estudios en ratones se retrasen. Por el contrario, los hurones o macacos sí se infectan con este coronavirus, con lo que también están siendo utilizados en el desarrollo de la vacuna contra la COVID-19.

Fases en humanos

En el caso de las vacunas, sabemos que funcionan cuando se producen anticuerpos tras su administración (ya hemos hablado antes de ellos). Los experimentos con animales indican que varias de las vacunas que se están probando generan esos anticuerpos, con lo que su desarrollo ha pasado a la fase I, ya en humanos. En esta fase se busca saber si la vacuna es segura. En este momento del desarrollo no es importante si la vacuna funciona o no, sino si causa efectos adversos y conocer a qué dosis. Es decir, se administra la vacuna a unos pocos individuos sanos (entre 20 y 100), aumentando poco a poco la dosis para saber hasta qué cantidad se puede llegar sin causar daño.

 

Una vez conocida la dosis, se pasa a la fase II, en la que se comprueba en un grupo mayor de personas (entre 100 y 300 normalmente) si efectivamente, la dosis es segura, pero también se empieza a estudiar si la vacuna es eficaz. De modo que en esta fase II ya empezamos a saber si la vacuna que se está probando tiene opciones de funcionar. En ocasiones, las fases I y II se fusionan en una fase I/II lo que permite avanzar más rápido en el ensayo clínico. Este es el caso de las vacunas contra la COVID-19.

 

Si la vacuna es segura y parece eficaz, pasaríamos a la fase III. En este caso, se prueba si realmente la vacuna es terapéutica, es decir, si realmente funciona. Para ello se administra la dosis obtenida en las fases previas a un grupo muy alto de personas (entre 300 y 3000 normalmente) en las que estudiar la eficacia de la vacuna.

 

Las vacunas más desarrolladas actualmente contra el coronavirus SARS-CoV-2 se encuentran en esta fase III. Si tras esta fase, los resultados fueran positivos, tendríamos la vacuna lista para administrarse en la clínica.

Vacuna contra el coronavirus

Suena fácil… o no tanto?

Según la agencia estadounidense del medicamento (FDA de Food and Drug Administration), aproximadamente el 70% de los ensayos clínicos pasan la fase I, de los cuales, sólo una tercera parte (33%) superan la fase II, de los cuales a su vez, sólo una cuarta parte (25%) pasan de la fase III y llegan al paciente. Si hacemos el cálculo (25% de un 33% de un 70% = 5,775 %), sólo el cinco por ciento de los ensayos clínicos se convierten en un medicamento o vacuna que llega a personas.

 

Es decir, conseguir un medicamento o vacuna seguro y eficaz es ciertamente complicado. En este punto quisiera incidir en el aspecto de la seguridad. En ocasiones, la necesidad hace que queramos esa vacuna sin plantearnos fríamente que estamos administrando una sustancia extraña al organismo. Los ensayos clínicos llevan su tiempo para garantizar que el producto de la investigación pueda ayudarnos a combatir, en este caso, al coronavirus. Pero sobre todo, permiten saber que cuando tengamos esa vacuna, incluso si como es previsible llegamos a disponer de varias, todas ellas serán seguras. Para ello se realizan los ensayos clínicos, los cuales están controlados por organismos públicos, y de los cuales se publican sus resultados para que toda la comunidad científica pueda contrastarlos. Como ya hemos dicho en alguna otra ocasión, es ciencia, con sus tiempos, pero proporcionando herramientas seguras y eficaces para combatir al coronavirus SARS-CoV-2.

 

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

¿Coronavirus positivo otra vez?

¿Puedo volver a ser positivo en el test para coronavirus?

Seguro que te has planteado si puedes ser coronavirus positivo una segunda vez. Lo primero que me surge para intentar ayudar a aclarar es otra pregunta: ¿de qué test estamos hablando?

Si se trata de un test de detección de anticuerpos contra el coronavirus, dependiendo del resultado, no se puede hablar de “volver” a ser positivo. Y es que como ya explicamos, en sangre podemos detectar dos tipos de anticuerpos, la IgM y la IgG. Estos anticuerpos nos indican que hemos contraído la infección recientemente (en el caso de la IgM) o que la hemos pasado y por lo tanto somos inmunes (en el caso de la IgG). Esto significa que si en una segunda o tercera prueba, tu resultado es positivo para IgG, no “has vuelto” a ser positivo, sino que “sigues siendo” positivo.

Caso distinto es la IgM. Este anticuerpo se produce en torno a la semana de iniciarse la infección y desaparece en torno a las dos semanas. Si en un segundo o tercer test volvieras a dar positivo para IgM, sí que te habrías vuelto a infectar. Si bien, estos casos son escasos y habría que estar seguro de ese resultado, recomendando una repetición tan pronto como sea posible.

Coronavirus positivo mediante anticuerpos

Pero en EMPIREO somos expertos en PCR y en cómo usar esta técnica para la detección de diversos virus. Entonces la pregunta es: ¿puedo volver a ser positivo para coronavirus en la prueba por PCR?

Detección de coronavirus por PCR

La técnica de PCR o Reacción en cadena de la Polimerasa, detecta el material genético del coronavirus. Detecta el “ADN” del virus, que en este caso, por su estructura, no es ADN sino ARN. Pero en el fondo, para lo que nos interesa, es lo mismo. Es una molécula que contiene la información genética del virus y que podemos detectarla por PCR.

En este sentido, es importante saber que para conseguir detectar ese material genético tenemos primero que “romper” al virus, tenemos que “abrirlo”. La idea es que necesitamos liberar ese material genético que está almacenado dentro del virus, debajo de una “piel”, que es su membrana y dentro de una cápsula, la cápside del virus. Para ello, en el laboratorio se usan soluciones que contienen principalmente detergentes que van a permitir liberar ese material genético. Una vez libre, la PCR nos permite detectarlo.

Y os preguntaréis, ¿para qué necesito yo saber esto si a mí lo que me interesa es si puedo volver a infectarme? A ello vamos.

Cuando un virus muere, sea porque se degrada sobre una superficie, sea porque el sistema inmune le ataca, también se “rompe” y libera su contenido. Entre otras cosas, su material genético. De modo que la PCR puede detectar restos de virus “muertos”.

¿Cuándo está entonces “vivo” un virus?

La respuesta a esta pregunta es: nunca. Los virus no son organismos vivos. De hecho, necesitan infectar a células vivas para poder reproducirse y seguir contagiando. Sin embargo, sí podemos diferenciar entre virus viables o no.

Un virus viable es aquel que tiene capacidad de infectar y multiplicarse. Un virus no viable ó “muerto” no es capaz de infectar. Sin embargo, aún podríamos detectar partes de este virus no viable, como podría ser su material genético mediante PCR.

Un ejemplo claro de este hecho es cómo se usa la PCR para conocer infecciones que sufrieron faraones momificados. Las bacterias que causaron esas infecciones llevan miles de años muertas, pero su material genético se ha conservado y puede detectarse con la PCR.

De modo que tenemos que ser cautos con las interpretaciones de los resultados de “nuevos” contagios. El doctor Manel Juan, Jefe de Inmunología del Hospital Clínic de Barcelona decía en una entrevista reciente que las personas con anticuerpos están protegidas. Aunque con el coronavirus SARS-CoV-2 tenemos que tener todas las precauciones posibles, hasta ahora, este es el hecho.

De modo que si has sido positivo en pruebas por anticuerpos, en concreto para la inmunoglobulina IgG y un nuevo test por PCR da positivo… hay que preguntarse muchas cosas antes de pensar que has vuelto a infectarte. Desde luego, en un primer momento, procede repetir esa prueba PCR.

Y es que la PCR es una técnica tremendamente potente… que puede detectar incluso a “los que ya no están”.

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

 

 

Inmunidad entrenada contra el coronavirus

Inmunidad entrenada como herramienta contra el coronavirus.

En el último post hablamos de la inmunidad celular que podría generar la infección por el coronavirus SARS-CoV-2. Decíamos entonces que se trataría de un tipo de respuesta inmune inespecífica contra el virus, que podría generarse por agentes distintos al propio virus. Y por ello la llamamos inespecífica.

Y es que a falta de tratamientos específicos o de vacuna contra este virus concreto, la ciencia está buscando alternativas. Y una posible alternativa que se está investigando es la inmunidad entrenada. ¿Qué es esto de la inmunidad entrenada? Vayamos por partes.

 

Tipos de respuesta inmune.

Nuestro sistema inmune, nuestras defensas, tienen, de manera muy resumida, dos formas de actuar que se complementan entre sí. Se trata del sistema inmune innato por un lado y el sistema inmune adaptativo por otro.

El innato es el que primero actúa ante una agresión, de manera muy rápida. Es el responsable, por ejemplo, de que nos salga un “chichón” tras un golpe. Ese golpe supone una agresión y el sistema inmune innato actúa. Se trata de un sistema inespecífico, que actúa de la misma manera contra muchos tipos de agresiones diferentes. Es decir, sea una infección por una bacteria, un hongo, un virus o un golpe, reacciona de la misma manera: produciendo inflamación.

El adaptativo actúa después. Una vez se activa el innato, envía señales para que el adaptativo se active. Este adaptativo será específico de cada tipo de agresión. Es decir, sólo se activará contra una bacteria concreta, contra un hongo específico, contra un virus concreto… pero no se activará por un golpe. Al ser tan específico, es muy potente, pero sólo contra aquello que reconoce.

Un ejemplo para entenderlo es un delantero de fútbol. Tiene que entrenar su función específica, marcar goles, y ese sería el sistema inmune adaptativo. Pero para poder marcar goles, tiene que estar en forma y para ello entrenar su cuerpo de una manera muy parecida a como lo hace cualquier otro deportista; eso es el sistema innato. Siguiendo con este ejemplo, ¿podemos entrenar a nuestro sistema inmune para hacerlo más fuerte?

 

Vacunación e inmunidad entrenada.

La respuesta es rotunda: Si. La forma de entrenar al sistema adaptativo es “enseñándole” contra qué tiene que actuar de manera específica. Eso son las vacunas. Pero todavía no tenemos la vacuna contra el coronavirus. Entonces, ¿podemos entrenar al sistema inmune innato?

La respuesta es igual de rotunda: Si. Aunque hay un pero: aún estamos aprendiendo a hacerlo. Existen diversas evidencias que indican que podemos entrenar al sistema inmune innato para que actúe de manera eficiente contra agresiones que no había visto antes. El ejemplo que mejor conocemos es la vacuna contra la tuberculosis, llamada BCG. Esta vacuna protege de manera específica contra la bacteria que causa la tuberculosis, activando el sistema inmune adaptativo.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte se ha visto que la BCG no sólo protege contra su bacteria específica. Por ejemplo, se ha demostrado que es efectiva eliminando el virus de la fiebre amarilla. Algo parecido se está empezando a describir para la vacuna contra la polio.

Inmunidad entrenada contra el coronavirus

De modo que proporcionando estímulos para el sistema inmune innato podríamos protegernos contra patógenos que no habíamos visto antes. ¿Funcionará contra el coronavirus SARS-CoV-2?.

 

Inmunidad entrenada y coronavirus.

Existen diversos datos que apuntan a que la inmunidad entrenada podría proteger contra la infección por coronavirus. Pero lo cierto es que aún no tenemos evidencias científicas. Sin embargo, existen en la actualidad al menos dos ensayos clínicos, uno en Holanda y otro en Australia que están estudiando si la vacuna BCG puede protegernos contra el coronavirus, puede “entrenarnos” contra el coronavirus SARS-CoV-2.

Nuestra contribución desde el grupo de investigación en el que trabajo en el CNIC, es estudiar si una vacuna producida por la farmacéutica Inmunotek puede llegar a protegernos de manera inespecífica contra el coronavirus, mediante el entrenamiento de nuestro sistema inmune innato.

De modo que, pronto sabremos si el entrenamiento del sistema inmune innato puede contener la infección contra el coronavirus.

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez;

Sin inmunidad específica contra el coronavirus, ¿protección inespecífica?

Estudio de seroprevalencia de inmunidad contra el coronavirus.

El Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) ha emitido los resultados de la segunda ronda del estudio de seroprevalencia de la infección por el coronavirus SARS-CoV-2 en España (https://portalcne.isciii.es/enecovid19/). Este estudio consiste en estudiar el desarrollo de inmunidad contra el coronavirus en forma de anticuerpos de tipo Inmunoglobulina G (IgG) en la sangre de una muestra representativa de personas de cada provincia. Como ya comentamos en una noticia anterior, la presencia de anticuerpos IgG nos indica que hemos pasado la infección en algún momento y que hemos desarrollado inmunidad contra el coronavirus, es decir, estamos inmunizados. De modo que ese estudio nos da una idea de a qué porcentaje de la población ha infectado el coronavirus. Y los resultados son sorprendentes.

De media, el 5% de la población presenta inmunidad contra el coronavirus.

Ese es el resultado del estudio. De media 5 de cada 100 españoles han contraído la infección, con provincias llegando al 14%, pero otras apenas superando el 1%. Por un lado, estos datos son claramente una buena noticia. Pero tiene un lado no tan positivo, y es que los expertos nos han hablado de la importancia de generar “inmunidad de grupo”, también llamada “inmunidad de rebaño”, para lograr vencer a la infección. Para llegar a esa inmunidad, tendríamos que habernos infectado en torno al 60% de la población.

Pero, ¿qué es la inmunidad de rebaño?. Se trata de una protección que se genera en una población cuando la mayoría de sus miembros superan una infección y por tanto, se inmunizan. Para entenderlo hay que darse cuenta de que una persona que se infecta, a su vez, puede infectar a muchos otros y así el virus se va extendiendo. Pero si a quien infecta el virus, es inmune… ese eslabón de la cadena de transmisión se corta. De modo que cuanta más gente haya inmunizada en una población, más difícil será para el virus “encontrar” a alguien que no se haya infectado antes y así poder seguir transmitiéndose.

Inmunidad de rebaño contra el coronavirus

Y sin inmunidad de rebaño, ¿cómo estamos venciendo al virus?

Hay que dejar muy claro que primero, por el esfuerzo colectivo de confinamiento. Siguiendo la misma regla anterior de que una persona infectada puede infectar a muchas personas cercanas, el confinamiento ha reducido la posibilidad de infección.

Pero los científicos nos preguntamos si hay algo más. Y tenemos datos que nos hace pensar que hay cierta protección inespecífica que está funcionando contra el coronavirus SARS-CoV-2. Y, ¿qué es esa protección inespecífica?

Los anticuerpos generados contra el coronavirus, son específicos contra ese virus, es decir, generan inmunidad contra el coronavirus. Así, la vacuna contra el sarampión (por poner un ejemplo), funciona contra la infección por sarampión porque genera anticuerpos contra ella. Por el mismo motivo, esa vacuna no nos protege contra otras infecciones… o ¿quizá si? Cuando una infección o una vacuna protege más allá de contra lo que va dirigido, hablamos de protección inespecífica. Pues bien, es muy probable que esto esté pasando en el caso de la infección por coronavirus SARS-CoV-2.

Evidencias de la protección inespecífica.

Al menos dos estudios han mostrado que anticuerpos generados contra el virus SARS-CoV, causante del brote de SARS que se dio en Asia en el año 2002, son capaces de proteger contra el actual virus SARS-CoV-2. Estos estudios contienen datos en ratón y en humanos. Aunque ambos virus son parecidos, no son iguales, y sin embargo los anticuerpos generados contra el primer coronavirus funcionan contra el segundo. Esto quiere decir que alguien infectado en 2002 con el SARS-CoV podría estar protegido en el actual brote.

Pero mucho más importantes para apoyar esta protección inespecífica son los datos aportados por un tercer estudio. Algo que quizá no todos sepamos es que hay otros coronavirus que pueden causar resfriados comunes. Pues bien, los datos aportados por este trabajo sostienen que personas que han sufrido un resfriado común causado por otro coronavirus pueden llegar a tener hasta un 50% de protección contra el SARS-CoV-2. Pero lo que es más importante, la protección no viene dada por la producción de anticuerpos, sino por el desarrollo de otro de tipo de defensa inmunitaria. Lo que llamamos una respuesta de tipo celular.

Este hecho además, podría darnos una explicación a por qué con sólo una seroprevalencia del 5%, hemos conseguido en gran medida vencer al virus. Es posible que el porcentaje de población infectada sea mayor que ese 5%… pero que no hayan generado anticuerpos sino un tipo de respuesta inmunitaria principalmente celular, la cual no depende de la producción de anticuerpos.

Vaya por delante que esto, es sólo una hipótesis, pero el conocimiento científico se mueve gracias a hipótesis y aún tenemos mucho que aprender de la infección por el SARS-CoV-2.

 

Autor: Dr. CArlos del Fresno Sánchez; @arlosdel

Fuente: “Structure, Function and antigenicity of the SARS-CoV-2 Spike Glycoprotein; Cell, 2020.” https://linkinghub.elsevier.com/retrieve/pii/S0092867420302622

“SARS-CoV-2 Cell Entry Depends on ACE2 and TMPRSS2 and Is Blocked by a Clinically Proven Protease Inhibitor; Cell, 2020” https://linkinghub.elsevier.com/retrieve/pii/S0092867420302294

“Targets of T cell responses to SARS-CoV-2 coronavirus in humans with COVID-19 disease and unexposed individuals; Cell, 2020”

https://linkinghub.elsevier.com/retrieve/pii/S0092867420306103