Hepeatitis C

¿Qué es la hepatitis C?

Es una infección producida por el virus de la Hepatitis C que tiene gran afinidad por el hígado. Dicho virus se encuentra en la sangre de las personas que tienen esta enfermedad. Esta infección afecta a más de 170 millones de personas en todo el mundo, y algunas estimaciones indican que en España pueden existir 800.000 pacientes infectados, aunque muchos de ellos no lo sepan.


¿Por qué es tan peligrosa la hepatitis C?

Quizá el mayor peligro que plantea este virus, es que puede producir una infección aguda, que muchas veces es asintomática, De hecho, muchos casos de hepatitis C se diagnostican en pacientes sin síntomas que no recuerdan haber pasado una hepatitis aguda. Más del 90% de los pacientes no tiene síntomas cuando contrae la enfermedad y ésta se suele descubrir de forma casual en un análisis de rutina, al donar sangre o cuando comienza a dar síntomas porque ha producido una hepatitis crónica o una cirrosis.

Entre un 50-70% de los pacientes infectados desarrolla una hepatitis crónica y en un 20% de los pacientes progresará a cirrosis en los 10 años posteriores al contagio. Estos pacientes tienen la enfermedad y además la pueden contagiar a los demás.


¿En qué consiste la hepatitis C "aguda"?

En la fase aguda sólo un 5% tiene un cuadro típico de cansancio, falta de apetito, coloración amarillenta de la piel, orinas oscuras, heces de color blanquecino, picores generalizados. Otros pasan la enfermedad como si fuese una gripe o, incluso, sin enterarse tal y como se ha comentado anteriormente.


¿En qué consiste la hepatitis C “crónica”?

Una vez se ha cronificado, los síntomas que puede dar son los de una hepatitis crónica (muchas veces indistinguible de otras causadas por otros virus o por otros motivos). En general, los pacientes se encuentran cansados y pueden perder el apetito. Cuando la enfermedad está avanzada puede aparecer hinchazón en las piernas y el abdomen, alteraciones de la coagulación de la sangre con aparición frecuente de hematomas o hemorragías por las encías o por la nariz. Algunos varones presentan crecimiento de las mamas (ginecomastia), también pueden aumentar de las glándulas parótidas, o aparecer lesiones de color rojizo en la piel. La piel toma un tinte amarillento (ictericia), y en estadios avanzados puede tornarse más oscuro. Otras complicaciones frecuentes son la aparición de varices esofágicas (dilatación de las venas del esófago) que pueden sangrar o la encefalopatía hepática (los pacientes aparecen confusos, adormilados y desorientados).


¿Cómo se transmite?

El virus se contagia fundamentalmente a través de la sangre, pocas veces por relaciones sexuales y excepcionalmente de madre a hijo. En bastantes ocasiones se desconoce el modo de contagio. El riesgo de contagio aumenta considerablemente en los siguientes casos:

 

Gente que haya recibido una transfusión de sangre o derivados (plasma, inmunoglobulinas etc) antes de 1990. Después de esta fecha, las pruebas que se realizan a las muestras de sangre minimizan tanto el riesgo que hace muy poco probable el contagio.
Usuarios de drogas por vía venosa. Este subgrupo de pacientes tiene un riesgo muy alto de tener una infección por hepatitis C. Algunos estudios demuestran que hasta el 80-90% de estos sujetos son portadores de dicha infección.
Portadores de tatuajes: los tatuajes y los ‘piercing’ son un vehículo frecuente de transmisión de la infección. Cuando se realizan en lugares que no cumplen las medidas de higiene exigidas (uso de aguja única para cada individuo, material desechable, esterilización adecuada de los materiales) las posibilidades de contagio son muy grandes.
Antecedentes de intervenciones quirúrgicas, sobre todo, cirugía mayor. El modo de contagio en estos casos puede ser a través de heridas o sangre del personal quirúrgico, si entran en contacto con la sangre del paciente intervenido.
Viajes a zonas donde es común la hepatitis C (véase el mapa)

 

 


Con frecuencia existen pacientes coinfectados por la hepatitis C y el virus del VIH. La presencia de una de las infecciones puede favorecer la adquisición de la otra y la evolución de ambas puede verse influida. En estos casos, es obligado el uso de preservativo para reducir el riesgo de contagio de ambas infecciones. Incluso cuando se use preservativo, y fundamentalmente debido a que en ocasiones los preservativos pueden romperse, las parejas de individuos co-infectados por ambos virus deben hacerse revisiones periódicas para estar seguros de no haberse contagiado.
¿Por qué debo hacerme la prueba de la hepatitis C?

 

Un diagnóstico temprano es importante para que pueda:

 

Ser examinado para detectar una enfermedad del hígado.
Recibir tratamiento, si es necesario. Hay medicinas que han sido aprobadas para el tratamiento a largo plazo de personas con hepatitis C.
Aprender cómo puede proteger su hígado de mayores daños.
Aprender cómo puede prevenir la transmisión del VHC a otras personas.

 

Importancia de la PCR en el diagnóstico de la hepatitis C

Los análisis rutinarios con los que se diagnostica la hepatitis C, están basados en la detección de anticuerpos frente al virus, son pruebas serológicas. En algunos casos, se descubre que el paciente tiene una serología positiva (anticuerpos frente al virus) en una analítica realizada por otros motivos, como ya se ha comentado. Es posible que algunos de estos individuos no tengan la enfermedad y puede que no la desarrollen nunca. Por lo tanto una serología no es suficiente para hacer el diagnóstico de hepatitis C.

Para diferenciar entre unos y otros es preciso saber si existe afectación hepática (aumento de las transaminasas) y sobre todo, saber si el virus de la hepatitis está circulando por la sangre. El aumento de transaminasas es un test poco específico, ya que puede producirse por muchas más razones que por la hepatitis C.

La forma de detectar de manera precisa la existencia del virus en la sangre es por PCR, detectando la presencia de su material genético, llegando incluso a poder conocer la cantidad de virus presente, y así, saber si las terapias están siendo efectivas.

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