¿Por qué el diagnóstico temprano de sífilis puede marcar la diferencia?

La sífilis es una enfermedad de transmisión sexual (ETS) que puede curarse con un sencillo tratamiento antibiótico pero que puede tener complicaciones graves a largo plazo si no se diagnostica y trata a tiempo, ya que en muchos casos se desarrolla sin síntomas durante periodos relativamente largos tras la infección. Por ello es vital detectarla mediante análisis específicos ante las primeras sospechas después de prácticas de riesgo. Cabe remarcar que según la notificación de Enfermedades de Declaración Obligatoria (EDO) en 2012 se registraron en España 3641 nuevos casos de sífilis, cifra que ha aumentado progresivamente desde el año 2006, lo que supone una incidencia de 7,88 casos por 100000 habitantes, de los cuales en torno a un 80% fueron hombres.

El principal motivo de transmisión de esta enfermedad es mantener relaciones sexuales con personas que desconocen que están infectadas ya que al comienzo de la infección pueden no aparecer síntomas o ser estos difíciles de detectar. Los síntomas de sífilis en adultos cambian según progresa la enfermedad que se ha dividido en  las siguientes fases: sífilis primaria, secundaria, latente y avanzada. Durante la sífilis primaria se produce la aparición de una úlcera indolora, firme, redonda y pequeña, denominada chancro, después un periodo de incubación medio de 3 semanas; en el sitio donde la bacteria entró en el organismo (normalmente en la zona genital, zona perianal, recto, cuello del útero, boca o labios). En muchos casos esta lesión puede pasar desapercibida lo que facilita la transmisión a otras personas por contacto directo con una mucosa sana o piel dañada.

En la mayoría de personas no tratadas, se produce el progreso de la infección en un rango de tiempo de 6 semanas a 6 meses hacia una segunda fase de diseminación al torrente sanguíneo llamada sífilis secundaria, pasando de estar localizada a tener carácter sistémico. En esta etapa un síntoma típico es el sarpullido sin picazón que puede aparecer por todo el cuerpo, especialmente en las palmas de las manos y plantas de los pies. Los síntomas característicos de la sífilis secundaria desaparecerán pasado un tiempo con tratamiento o sin él, pero si no se administra ningún tratamiento la infección podría progresar.

En un número considerable de personas no tratadas, la enfermedad avanza hacia un período de latencia asintomática, que se puede prolongar durante años antes de evolucionar a una fase de sífilis avanzada. Es en esta última fase cuando se producen las complicaciones más graves, pudiendo afectar al cerebro o al sistema nervioso central (neurosífilis), al aparato cardiovascular con inflamación de la aorta, produciendo aortitis o aneurismas, o provocando lesiones destructivas de la piel y los huesos (sífilis gomosa).

La enfermedad afecta principalmente a adultos sexualmente activos entre 20 y 35 años de edad, sin embargo, mujeres enfermas embarazadas pueden pasársela a sus bebés en cualquier etapa del embarazo; hablándose, en ese caso, de sífilis congénita, que puede desembocar en un aborto o en un parto prematuro.

Como medida de prevención se aconseja el uso habitual del preservativo para disminuir el riesgo de contraer esta EST ya que la infección se puede producir tanto en las zonas genitales masculinas como femeninas que no estuvieran cubiertas durante la relación sexual en la que se produjo contacto directo con las ulceras de sífilis.

Para curar la sífilis es crucial un diagnóstico precoz, en fases tempranas de la enfermedad, seguido de un sencillo tratamiento con antibióticos, como penicilina. Cuando se han desarrollado lesiones tardías pueden presentarse problemas de salud a largo plazo a pesar de la terapia. Además, es importante conocer que las lesiones producidas por la sífilis facilitan la infección de VIH por contacto sexual aumentando el riesgo de 2 a 5 veces respecto a una persona sana.

¿Cómo sé si tengo sífilis?

Actualmente hay muchos tipos de pruebas disponibles para el diagnóstico de sífilis con diversas ventajas y posibles limitaciones que afectan a su utilización dependiendo de los casos:

Prueba de diagnóstico directo de sífilis por PCR (reacción en cadena de la polimerasa). Analizan la presencia de material genético de Treponema pallidum, la bacteria responsable de la sífilis, a través de la amplificación y detección de una serie de secuencias génicas específicas. Esta técnica reduce el periodo de ventana, tiempo durante el que la prueba puede dar un resultado negativo a pesar de estar infectado realmente, hasta 48 horas después del contacto de riesgo siendo la prueba que más reduce el tiempo de espera. De hecho la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda, en una reciente publicación, el uso de ensayos basados PCR sobre métodos tradicionales de diagnóstico por su alta sensibilidad y especificidad. Esto permite detectar la infección en fases asintomáticas de forma precoz antes incluso de que nuestro sistema inmune haya producido anticuerpos y determinar el éxito del tratamiento con antibióticos que no puede ser evaluado con técnicas serológicas. Además, mediante la PCR cuantitativa, es posible incluso medir la cantidad de material genético del agente infeccioso presente en la muestra, sangre o frotis de la lesión. Este valor se relaciona directamente con el número de bacterias de sífilis del que procede lo que determina el grado de progresión de la infección. Es una técnica con una alta fiabilidad cuyos resultados pueden obtenerse hasta en 4 horas desde que se recoge la muestra.

Pruebas de diagnóstico indirecto de detección de anticuerpos. Detectan reacciones anticuerpos generados por nuestro cuerpo durante la infección de sífilis. Normalmente nuestro organismo tarda cierto tiempo en producirlos tras haber estado expuesto al patógeno, por lo que si la infección es muy reciente es probable que no se hayan producido y el test no pueda detectarlos. Es decir, en estas pruebas el periodo ventana es mayor que para los diagnósticos basados en PCR. Además, la sensibilidad de este tipo de pruebas es considerablemente inferior a la de PCR, aunque sus resultados pueden obtenerse en menos de 30 minutos en el caso de las llamadas pruebas rápidas. Se dividen en:

      • Pruebas no treponémicas, que detectan anticuerpos producidos frente a lípidos de las células dañadas por procesos infecciosos, por lo que no son exclusivos de la sífilis. Los principales ejemplos de este tipo de técnicas son el VDRL (del inglés Veneral Disease Research Laboratory), que requiere pretratamiento del suero y un microscopio para su lectura y el RPR (del inglés Rapid Plasma Reagin) que utiliza partículas de carbón para visualizar la reacción sin necesidad del uso de microscopía. La reacción se realiza en una tarjeta de plástico, donde se adiciona el suero del paciente y seguidamente el antígeno con las partículas de carbón. Si los anticuerpos están presentes se produce la reacción de floculación. Estas pruebas son baratas y se usan como prueba de cribado poblacional, aunque durante la sífilis primaria y la sífilis tardía se pueden producir un considerable número de falsos negativos.
      • Pruebas treponémicas, a esta categoría pertenecen la mayoría de tests rápidos disponibles y detectan anticuerpos específicos frente a la bacteria de la sífilis. Un ejemplo de este tipo de pruebas es el TPHA (del inglés T. pallidum haemagglutination assay), para la detección cualitativa de anticuerpos en suero o plasma mediante hemaglutinación. Al contrario que las pruebas no treponémicas, las pruebas treponémicas no sirven para monitorizar el tratamiento, ya que en el 85% de los pacientes correctamente tratados, estas pruebas permanecen positivas, incluso de por vida. Si se utilizan como cribado, el resultado positivo debe al menos confirmase con una prueba de PCR o no treponémica, y si el resultado es negativo, debe ensayarse una segunda prueba treponémica para descartar un falso negativo. Se debe tener en cuenta que las pruebas treponémicas usadas como cribado pueden detectar tanto casos antiguos bien tratados como casos activos no tratados.
      • Test inmunocromatográfico (ICT), consiste en el reconocimiento de un antígeno diana específico de la bacteria inmovilizado sobre una banda de nitrocelulosa por los anticuerpos presentes en una muestra de sangre, plasma o suero de un paciente infectado, resultando en una reacción cromatográfica apreciable visualmente.

Además, en la actualidad existen una serie de pruebas emergentes para el diagnóstico de sífilis como ensayos de microfluídica, que permiten detectar múltiples anticuerpos en una única muestra de sangre, orina o frotis. Por otro lado, hay un interés creciente en el desarrollo de tests diagnósticos para sífilis que no requieran de una infraestructura propia de un laboratorio, lo que supondría salvar más de 201000 vidas al año en el mundo según un modelo matemático recientemente desarrollado. En este sentido se buscan además métodos más baratos, idóneos para regiones en desarrollo endémicas de sífilis como África, donde ya se están realizando ensayos para, por ejemplo, acoplar un dispositivo diagnóstico a cualquier tipo de smartphone.

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Fuentes: OMSSEIMC

Autor: Pablo Martínez Valera (estudiante del Máster en Biotecnología de la Universidad Autónoma de Madrid con Beca de prácticas Santander CRUE-CEPYME) supervisado por el Dr. Enrique Álvarez Gómez.

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