Comensalismo o invasión. El fino equilibrio entre Candida albicans y el sistema inmune

Un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh, ha observado que la toxina Candidalisina, sintetizada por el hongo Candida albicans, produce unos “agujeros” células del epitelio de la boca. Esto es fundamental para que el sistema inmunológico detecte la infección y produzca una respuesta destinada a eliminar el microorganismo.

Cuando se habla de toxina producidas por microorganismos que se utilizan en la vida diaria, mucha gente piensa en los productos que se utilizan para reducir las esas arrugas faciales que empiezan a aparecer con la edad.  Sin embargo, estás moléculas tienen muchas más aplicaciones en medicina. De hecho, hay multitud de microorganismos que producen toxinas. Aunque algunas tengan un uso dentro de la biomedicina, la realidad es que tienen porqué a nivel biológico que es diferente dependiendo de la toxina.

Por ejemplo, un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh, ha observado que la toxina Candidalisina, sintetizada por el hongo Candida albicans, produce unos “agujeros” células del epitelio de la boca. Esto es fundamental para que el sistema inmunológico detecte la infección y produzca una respuesta destinada a eliminar el microorganismo.

Este microorganismo, que forma parte natural de la flora microbiana de la boca, en determinadas situaciones se  expande provocando la candidiasis oral. En general lo que se observan son lesiones blanquecinas o aftas en la  lengua y la boca e inflamación que puede llegar a sangrar.

La candidiasis bucal es especialmente relevante en personas con VIH/SIDA, en tratados con inmunosupresores, quimioterapia, etc. Pero esta patología puede aparecer en personas completamente sanas que utilizan dentaduras postizas. En niños, puede aparecer de forma recurrente debido a que el sistema inmunológico no está maduro.

Entonces, ¿por qué, si la Candida albicans forma parte de la microbiota natural de la boca, en general no se produce una infección invasiva en todas las personas?

La respuesta es sencilla. Porque el sistema inmunológico mantiene la población de Candida controlada. Sin embargo, hasta ahora se conocía muy poco sobre cómo funcionaba respuesta anti-fúngica en la boca. Esta nueva investigación, que se ha publicado en la prestigiosa revista Science Immunology, ha desvelado este mecanismo. La Candidalisina se “inserta” en la membrana de las células del epitelio de la boca, que son las primeras células en el cuerpo que se encuentran con la Candida. Esto genera una señal en cascada que termina con la estimulación de las células T auxiliares del sistema inmunitario que producen interleuquina-17, una molécula que ya se conocía que es fundamental para evitar la candidiasis.

La supresión del sistema inmune, como la que sucede en los casos indicados arriba, hace que la Candida albicans pueda producir infecciones bucales dolorosas, recurrentes e incluso graves. Un dato relevante es que la candidiasis bucal es una patología muy frecuente en todo el mundo pero, sin embargo, no existe una vacunas antimicóticas que permita prevenirla. Estos hallazgos podrían ser utilizados para diseñar mejores tratamientos para las aftas candidiasicas, y reducir así el dolor, la dificultad para comer y tragar que reducen la calidad de vida de las personas que las padecen.

Fuente: Oral epithelial cells orchestrate innate type 17 responses to Candida albicans through the virulence factor candidalysin. Science Immunology, 2017 DOI: 10.1126/sciimmunol.aam8834

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